Los Santos inocentes mueren por Cristo sin saberlo

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¿Por qué tienes miedo, Herodes, de escuchar que ha nacido un rey? No ha venido para destronarte, sino para vencer al demonio. Pero tú no lo comprendes, te atemorizas y montas en cólera. Para hacer perecer al único niño que buscas, te conviertes en cruel asesino de muchos. Ni las lágrimas de amor de las madres, ni el dolor de los padres llorando a sus hijos, ni los gritos y gemidos de los niños te detienen. El que es la fuente de la gracia, a la vez pequeño y grande, acostado en un pesebre, hace temblar tu trono. Realiza su designio a través de ti pero a tus espaldas.

Estos pequeños mueren por Cristo sin saberlo; sus padres lloran la muerte de estos mártires. Cuando todavía no sabían hablar, Cristo los hace capaces de ser sus testigos: no articulan palabra todavía y ya confiesan a Cristo; sus cuerpos son todavía incapaces de combatir y ya se llevan las palmas de la victoria. Así veis cómo reina este Rey. Ya entonces libera y da la salvación. Pero tú, Herodes, ignoras todo esto; tú tienes miedo y montas en cólera. Y cuando te enfadas contra un niño pequeño, sin saberlo, te pones ya a su servicio.