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confianza | La Oración

confianza

Frases, oraciones, reflexiones y pensamientos de confianza.

Oración en momentos de dificultad

Recibe, Señor, nuestros miedos y transfórmalos en confianza. Recibe, Señor, nuestro sufrimiento y transfórmalo en crecimiento. Recibe, Señor, nuestras crisis y transfórmalas en madurez. Recibe, Señor, nuestras lágrimas y transfórmalas en plegaria. Recibe, Señor, nuestra ira y transfórmala en intimidad. […]

¿Con qué actitud debemos mirar el nuevo año?

El Padre Nuestro (Primera Parte)

Extracto del mensaje del Papa para la XLV jornada mundial de la paz

¿Con qué actitud debemos mirar el nuevo año? En el salmo 130 encontramos una imagen muy bella. El salmista dice que el hombre de fe aguarda al Señor «más que el centinela la aurora» (v. 6), lo aguarda con una sólida esperanza, porque sabe que traerá luz, misericordia, salvación. Esta espera nace de la experiencia del pueblo elegido, el cual reconoce que Dios lo ha educado para mirar el mundo en su verdad y a no dejarse abatir por las tribulaciones. Os invito a abrir el año 2012 con dicha actitud de confianza.

La oración: ¿escape o encuentro?

La oración: ¿escape o encuentro?

Algunos huyen del misterio, otros lo buscan. Algunos le tienen miedo, otros lo disfrutan. Algunos prefieren quedarse en la superficie de lo conocido, otros se sienten seducidos por la profundidad de lo desconocido. Algunos consideran que es escape, otros: encuentro.

Tanto el miedo como la confianza son comprensibles, pues eso de encontrarse con Dios en la oración no es cualquier cosa. “La oración es siempre una maravillosa reducción de la eternidad a la dimensión de un momento concreto, una reducción de la eterna Sabiduría a la dimensión del conocimiento humano, al modo concreto de comprender y de sentir, una reducción del Eterno Amor a la dimensión del corazón humano concreto, que en ocasiones no es capaz de captar toda su riqueza y parece romperse.” Karol Wojtyla, Signo de contradicción (ejercicios predicados a Pablo VI en 1976).

Cuando sufres y no entiendes nada

Ayúdame, oh Señor, a ser misericordioso

¿Por qué me sucede esto a mí? ¿Cómo lo permite Dios? ¿Qué hice para merecer este castigo? ¿Qué será de mi futuro? Son preguntas hirientes que brotan con frecuencia en medio del sufrimiento.

Con el salmista (Sal 30) gritamos:

“Piedad, Señor, que estoy en peligro:

se consumen de dolor mis ojos,

mi garganta y mis entrañas.”

Le damos vueltas con la cabeza y no entendemos nada. Es simplemente incomprensible. Toda la sensibilidad se retuerce y a veces se rebela. No es para menos. “No lo entiendo, Señor, no tiene ningún sentido, no me entra en la cabeza.”

¿Cómo encontrar la paz profunda del corazón?

¿Cómo encontrar la paz profunda del corazón?

Los hombres somos bastante autosuficientes, pero a cada paso nos topamos con la evidencia brutal de nuestros propios límites. Nos damos cuenta de que somos frágiles, que no todo resulta como quisiéramos, que cometemos errores y pecados, que hay cosas que no dependen de nosotros y nos ponen un alto o una desviación en el camino, aunque no nos guste… Esto quita la paz.