¿Cómo Orar?

Aprender a rezar en Adviento

Aprender a rezar en Adviento

Los padres de familia, hagan lo que hagan, vayan a donde vayan, están pensando siempre en sus hijos: qué necesitan, qué les haría bien. Adviento es uno de los grandes momentos en que la Iglesia, madre y maestra, nos ayuda a crecer como hijos de Dios y discípulos de Cristo, y más en particular, Adviento es escuela de oración.

Quien busca mejorar su vida de oración debe centrarse en el único necesario y escucharlo con toda calma. Adviento nos enseña las tres cosas: a centrarnos en el único necesario, a escuchar y a calmarnos.

¿Qué esconde y qué revela el corazón de un hombre?

Juan Pablo II dijo a los jóvenes en París el 1 de julio de 1980: “Toda la historia de la humanidad es la historia de la necesidad de amar y de ser amado.” El corazón humano es un buscador apasionado. Siempre está en busca de amar y de ser amado. Si conoces lo que busca, lo que sueña, a qué se adhiere, entonces conocerás lo que esconde. Su búsqueda lo revela. “Donde está tu tesoro, allí estará tu corazón” (Lc 12, 34)

La oración: ¿escape o encuentro?

La oración: ¿escape o encuentro?

Algunos huyen del misterio, otros lo buscan. Algunos le tienen miedo, otros lo disfrutan. Algunos prefieren quedarse en la superficie de lo conocido, otros se sienten seducidos por la profundidad de lo desconocido. Algunos consideran que es escape, otros: encuentro.

Tanto el miedo como la confianza son comprensibles, pues eso de encontrarse con Dios en la oración no es cualquier cosa. “La oración es siempre una maravillosa reducción de la eternidad a la dimensión de un momento concreto, una reducción de la eterna Sabiduría a la dimensión del conocimiento humano, al modo concreto de comprender y de sentir, una reducción del Eterno Amor a la dimensión del corazón humano concreto, que en ocasiones no es capaz de captar toda su riqueza y parece romperse.” Karol Wojtyla, Signo de contradicción (ejercicios predicados a Pablo VI en 1976).

¿Cómo usar la música y el canto en la oración?

Canto mal, pero mientras estoy con Cristo Eucaristía con frecuencia brota una melodía del interior. Entre los cantos que tarareo desde dentro están: “¿Cómo te pagaré, oh Señor, todo el bien que me has hecho?”, “Sé que soy nada y del polvo nací, pero tú me amas y has muerto por mí….”, “Cerca de ti, Señor, yo quiero estar.”

¿Cómo prepararme mejor para la oración?

¿Cómo prepararme mejor para la oración?

Entrevista al P. John Bartunek

Pregunta: Querido Padre John, en la primera sección de su libro La mejor parte, menciona algo sobre prepararse desde la noche anterior para la meditación del día siguiente. Lo mismo le escuché a un sacerdote que nos dio una plática durante un retiro. ¿Podría usted explicar esto un poco más? ¿Qué quiere decir usted exactamente? ¿Esto es sólo para los religiosos y sacerdotes, o yo también debo empezar a hacerlo?

¿Cómo rezar bien el Rosario?

¿Cómo rezar bien el Rosario?

Tres angustias radicales del ser humano son: perder el sustento, el miedo a la muerte y no encontrar el descanso eterno.

La Virgen María conoce bien a sus hijos, sabe que estas preguntas nos escuecen por dentro y que se nos presentan con mayor o menor fuerza según las circunstancias, los tiempos, la personalidad y la conciencia de cada uno. Por ello hacemos bien en pedirle: “Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.”

Al rezar el Rosario desde nuestra realidad de hijos, pecadores y en camino, le presentamos esta súplica 50 veces seguidas.

Pensé que el tema podría venir a cuento ahora que estamos en el mes de Mayo, mes de la Madre. ¿Cómo rezar el santo rosario? 

Orar con María

Orar con María

Necesitamos a una madre que nos enseñe a orar

Muchas cosas no nos salen si las hacemos solos. Necesitamos a los demás. Necesitamos aprender. Y la oración es un arte que requiere una profunda humildad porque parece que necesita un volver a empezar, un aprender siempre de nuevo, una conquista que hay que realizarla cada día.

Precisamente el mérito de la oración es que nos devuelve el alma de niños, que nos hace siempre tener un corazón dispuesto a maravillarse por la vida, por lo bello, por la luz, por el aire, por la bondad; que nos devuelve la capacidad de sorprendernos, de tener el estupor de que hablaba Juan Pablo II. Pero esto requiere un reconocerse niño, un saberse siempre necesitado, un reconocerse mendigo, un corazón contrito y humillado. Y por eso es que necesitamos en la oración la presencia y la compañía de María.