Dos maneras de caminar hacia Dios

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“Nosotros, Teótimo, como hijos pequeños del Padre celestial, podemos ir con Él de dos maneras. Porque primeramente podemos andar por los pasos de nuestro propio querer, conformándole con el suyo, teniendo siempre con la mano de nuestra obediencia la de su intención divina, y siguiéndola por doquiera que nos guiare, que es lo que Dios quiere de nosotros por su voluntad manifestada… Pero podemos también ir con Nuestro Señor dejándonos simplemente llevar de su beneplácito divino, como un niño se deja llevar en brazos de su madre… Porque Nuestro Señor, durante nuestra peregrinación en esta miserable vida, nos conduce de estas dos maneras: o nos lleva de la mano, haciéndonos andar con Él, o nos lleva en los brazos de su providencia. Nos tiene de la mano cuando nos hace andar en el ejercicio de las virtudes. Su bondad divina nos quiere conducir bien y tenernos de la mano en nuestro camino; pero quiere también que demos nosotros nuestros pequeños pasos, es decir, que hagamos de nuestra parte lo que podamos con la ayuda de su gracia. Pero Nuestro Señor, habiéndonos llevado de la mano… nos lleva después en sus brazos y hace obras en nosotros, en las cuales parece que nada hacemos” (José Tissot, La vida interior)