Crecer en la oración con los dones del Espíritu Santo

Crecer en la oración con los dones del Espíritu Santo

A lo largo de nuestra preparación para Pentecostés reflexionamos sobre los dones del Espíritu Santo. En esta reflexión hago un resumen de los ocho artículos anteriores tocando los puntos más importantes que tratamos. Las ligas hacen referencia a los artículos sobre los dones específicos. Esperamos sea de gran utilidad para todos.

“El Espíritu lo penetra todo, hasta las profundidades de Dios. Nadie conoce lo que hay en Dios, sino el Espíritu de Dios. Y nosotros hemos recibido el Espíritu que viene de Dios” (Cf. 1 Co 2, 10-12 passim).

Los dones del Espíritu Santo y la oración (8) sabiduría

Los dones del Espíritu Santo y la oración (8) sabiduría

Con los diversos dones, el Espíritu Santo vivifica nuestra oración. Nos lleva a descubrir la presencia de Dios en la creación, a amarle filialmente, a reverenciar su santidad, a penetrar las verdades de la fe, a perserverar en las dificultades y atinar en las aplicaciones. El mayor de sus dones es la sabiduría, que es la gracia de poder ver cada cosa con los ojos de Dios. Es luz que se recibe de lo alto, una participación especial en ese conocimiento misterioso y sumo, que es propio de Dios. El don de la sabiduría perfecciona la virtud teologal de la caridad, produciendo un conocimiento nuevo, impregnado por el amor.

Los dones del Espíritu Santo y la oración (7) la fortaleza

Los dones del Espíritu Santo y la oración (7) la fortaleza

Antes de la Ascensión, Jesús dice a los apóstoles: «Permanezcan en la ciudad hasta que sean revestidos de poder desde lo alto. Recibirán la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre ustedes» (Lc 24, 49; Hech 1, 3-4). El día de Pentecostes, impulsados por “las ráfagas” del Espíritu y el “fuego” que hacía arder sus palabras, los apóstoles se llenaron de valentía para predicar a Cristo (Hech 2, 2-4. 14-40). A través de su audacia, se cumplió la promesa de Cristo: “Cuando venga el Espíritu de la verdad, dará testimonio de mí. Y también ustedes darán testimonio de mí” (Jn 15, 26-27). Un testimonio que los apóstoles consumirán con el martirio cruento.

Los dones del Espíritu Santo y la oración (6) el consejo

Los dones del Espíritu Santo y la oración (6) el consejo

“Se celebraba una boda en Caná de Galilea y estaba allí la madre de Jesús. Fue invitado también a la boda Jesús con sus discípulos. Y, como faltara vino, porque se había acabado el vino de la boda,su madre le dice a Jesús: «No tienen vino». Jesús le responde: «¿Qué tengo yo contigo, mujer? Todavía no ha llegado mi hora». Dice su madre a los sirvientes: «Hagan lo que él os diga»” (Jn 2, 1-5).

Los dones del Espíritu Santo y la oración (5) El entendimiento

Los dones del Espíritu Santo y la oración (5) El entendimiento

“No quiero, hermanos, que Uds. ignoren lo que se refiere a los dones espirituales… Por eso les hago saber que nadie puede decir «Jesús es el Señor», sino por el Espíritu Santo” (1Co 12, 1.3). Mediante el don del entendimiento, el Espíritu Santo, que “escruta las profundidades de Dios” (1 Co 2, 10), comunica al creyente una chispa de esa capacidad penetrante que le permite casi ver los misterios de Dios.

Los dones del Espíritu Santo y la oración (3) La piedad

Los dones del Espíritu Santo y la oración (3) La piedad

Para una buena oración ayudan mucho las actitudes del corazón. Una de estas actitudes es la del hijo, y es la que vamos a reflexionar ahora a la luz del don de la piedad.

¿Qué es un corazón filial? A veces uno encuentra almas de verdad “filiales”. En la vida, significa una persona muy a gusto con sus papás, atenta, agradecida, considerada, “que se siente como en casa” junto a ellos. Por el contrario, entendemos lo triste que es carecer del buen corazón filial, el hijo malagradecido o sencillamente egoísta.

Los dones del Espíritu Santo y la oración (2) El temor de Dios

Los dones del Espíritu Santo y la oración (2) El temor de Dios

Cuando se quiere mejorar la oración, un camino es el de disponer el corazón, cultivar las actitudes del orante. La actitud de hijo, de criatura, de pecador, de discípulo, de amigo… Cada actitud dispone para el diálogo con el Señor. Con sus dones el Espíritu Santo configura estas posturas del corazón y suscita la oración “de los santos según Dios” (Rm 8, 26).