Antonio Furioli

¿Qué es la meditación?

¿Qué es la meditación?

La persona llega a hacer su encuentro con Dios partiendo de su propia intimidad: debemos ayudar a la voluntad a unirse a Dios (…); pero la voluntad, como es una facultad ciega y fría, tiene necesidad de ser iluminada. Este trabajo de iluminación y de impulso lo hace el intelecto. He aquí el encuentro con Dios, el coloquio con el Padre se ha establecido; es la oración mental.

En la oración vocal se nos proponen los afectos desde el exterior, contenidos en una fórmula; el alma los hace suyos y los dice a Dios repitiendo la fórmula con los labios. En la oración mental, en cambio, los afectos (…) se suscitan en lo íntimo del espíritu por la reflexión de la inteligencia sobre una verdad y por la voluntad que los presenta a Dios.

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Ascesis y oración (Tercera parte)

Recordemos que la oración mental tiene un fin de santificación; es decir busca conducir a la criatura racional a vivir como hijo de Dios en Cristo y a hacer propia la mentalidad del Evangelio; nos pone sobre un plano sobrenatural. Y bien, en este nivel superior, es la acción animadora propia del Espíritu Santo que obra nuestra santificación: y, como el sol difunde su luz y calor cuando no encuentra obstáculos que le impidan la acción, así su gracia iluminará la mente, su calor inflamará el corazón en proporción a la pureza que intentamos cumplir en nuestra vida. Por tanto, el trabajo principal y necesario de la persona en la obra de la propia perfección será una ascesis de purificación , que deberá reemprender y actuar en cada día de la vida; por otra parte, el Espíritu Santo se hace cargo de ello.

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Ascesis y oración (Segunda parte)

Ascesis y oración (segunda parte)

Este trabajo ascético funda su necesidad en el hecho que llevamos en nosotros un desconcierto profundo, por lo cual las realidades terrenas ya no son apreciadas como medios particulares y mucho menos nos parecerán útiles para ir a Dios, aunque las vemos con un espíritu egoísta que las desea por sí mismas creyendo encontrar en ellas la razón última de la propia felicidad. Tal situación requiere vigilancia y lucha contra nuestra soberbia y el amor desordenado de nosotros mismos en relación con las criaturas por medio de la cruz y de la resurrección del Salvador.

Entonces, redimidos por Cristo, convertidos en nuevas criaturas por el Espíritu Santo, llegamos a ver y a considerar todo, a nosotros y a las realidades terrenas, como don de Dios y como tal lo recibimos y lo vivimos. Se trata, por tanto, de una purificación profunda y necesaria para sentir que todo es nuestro, pero nosotros somos de Dios (1 Cor 3,22-23; G.S. 37/1433-1436).

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¿Qué consecuencias tiene la meditación en la liturgia? (Tercera Parte)

¿Qué consecuencias tiene la meditación en la liturgia? (Tercera Parte)

Sin la meditación, también se debilita y se vacía toda la vitalidad de la liturgia. El Vaticano II en la constitución “Sacrosantum Concilium” enseña que Jesucristo está siempre presente en su Iglesia, y de modo particular en la acción litúrgica.

Reflexionemos en el valor sacramental que tiene la Liturgia (…), portadora en sí misma de santificación, (…). No basta estar presente e intervenir en la Liturgia, hace falta poner las mejores disposiciones en nuestro espíritu para obtener los tesoros de santidad.

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¿Qué consecuencias tiene la meditación en mi vida? (Segunda Parte)

¿Cómo rezar el día de tu aniversario de matrimonio?

Es verdad, como se ha dicho, que el agente principal de la oración, como de toda la vida espiritual, es el Espíritu Santo. Él quiere encontrar en nosotros una correspondencia generosa y mide su acción según nuestra buena voluntad. Por tanto, sería presuntuoso esperarse un verdadero progreso en la oración cuando en nuestro espíritu existiese un trasfondo de desidia y de pereza espiritual que olvidase el recogimiento, la mortificación de las pasiones, la preparación de la oración, etc. 

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Grados de intimidad en la meditación (Segunda Parte)

Grados de intimidad en la meditación (Segunda Parte)

En la oración de los principiantes la gracia de Dios está siempre presente en el corazón del hijo para ayudarle; aunque hace falta superar muchos obstáculos y dificultades para que la acción del Espíritu Santo haga sentir su acción. La iniciativa está todavía en manos del hombre y Dios quiere el esfuerzo como manifestación de buena voluntad.

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