Encrucijadas de la vida

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ORACIONES PARA LAS ENCRUCIJADAS DE LA VIDA

 

Oración del convertido

San Agustín

¡Oh Dios, creador de todas las cosas!
Concédeme primero el Don de saber pedirte;
después, el de hacerme digno de ser escuchado,
y, finalmente, el de ser libre.

¡Escucha, escucha, escúchame!, oh Dios mío!,
Padre mío, causa mía, esperanza mía, posesión mía,
honor mío, mi casa, mi patria, mi salud,
mi luz y mi vida.

¡Escucha, escucha, escúchame!
De esa manera tuya, de tan pocos conocida.

Ya solo te amo a ti, solo te sigo a ti,
solo te busco a ti, y solo a ti estoy dispuesto
a servir, por que eres el único, que tiene derecho
a mandar, y a ti solo deseo pertenecer.

Dame órdenes, te lo ruego; si, mándame lo que
quieras, pero sáname antes y ábreme mis oídos
para que pueda oír tu voz.

Sana y abre mis ojos para que pueda ver
las indicaciones tu voluntad;
aparta de mí la ignorancia, para que te conozca.

Dime a donde tengo que mirar para verte,
y confío en que cumpliré fielmente
todo lo que me mandes.

Amén.

 

Que te conozca y me conozca

San Agustín

Concédeme conocerme a mí mismo
y conocerte a ti, Señor Jesús;
olvidarme a mí mismo y amarte a ti.
Que no piense sino en ti.
Que sepa mortificarme y vivir en ti.
Que todo cuanto me suceda lo reciba como tuyo.
Que siempre escoja ir detrás de ti.
Que aprenda a huirme a mí mismo
y a refugiarme junto a ti,
para que sea defendido por ti.
Que nada me atraiga sino tú.
Y que me haga pobre por ti.
Mírame para que yo te ame.
Llámame para que yo te vea,
para que por toda la eternidad goce de ti…

 

Oración en las discordias

San Francisco de Asís

¡Señor, haz de mí un instrumento de tu paz!
Que allí donde haya odio, ponga yo amor;
donde haya ofensa, ponga yo perdón;
donde haya discordia, ponga yo unión;
donde haya error, ponga yo verdad;
donde haya duda, ponga yo fe;
donde haya desesperación, ponga yo esperanza;
donde haya tinieblas, ponga yo luz;
donde haya tristeza, ponga yo alegría.

¡Oh, Maestro! Que no busque yo tanto
ser consolado, como consolar;
ser comprendido, como comprender;
ser amado, como amar.

Porque dando es como se recibe;
olvidándose de sí, como se encuentra;
perdonando, como se es perdonado;
muriendo, como se resucita a la vida eterna.

Amen.

 

Oración a San José para santificar el trabajo

¡Oh glorioso San José, modelo de todos los que se consagran al trabajo! Alcanzadme la gracia de trabajar con espíritu de penitencia en expiación de mis pecados; de trabajar a conciencia poniendo el cumplimiento de mi deber por encima de mis naturales inclinaciones; de trabajar con reconocimiento y alegría, mirando como un honor el desarrollar, por medio del trabajo, los dones recibidos de Dios. Alcanzadme la gracia de trabajar con orden, constancia, intensidad y presencia de Dios, sin jamás retroceder ante las dificultades; de trabajar, ante todo, con pureza de intención y con desprendimiento de mí mismo, teniendo siempre ante mis ojos las almas todas y la cuenta que habré de dar del tiempo perdido, de las habilidades inutilizadas, del bien omitido y de las vanas complacencias en mis trabajos, tan contrarias a la obra de Dios. Todo por Jesús, todo por María, todo a imitación vuestra, ¡oh Patriarca San José! Tal será mi consigna en la vida y en la muerte. Amén.

 

Oración cuando hace falta paz

Señor, hoy quiero pedirte que vengas a derramar tu Amor y tu Paz en mi familia, mi trabajo
y en todas las áreas de mi vida.
Amado Jesús, apacienta con tu paz mis rebeldías,
mis resentimientos, mis odios,
mi falta de oración, de amor y de perdón.
Derrama, dulce Jesús, tu amor sobre mi corazón,
para que te lo pueda entregar sin temor y abrirlo a tu Gracia.
María santísima,
inunda con tu tierno Amor,
cada uno de los recuerdos que tengo escondido en mi corazón:
todas mis plegarias, mis anhelos, proyectos,
afectos más preciados, mis sentimientos más puros.
Adorado Jesús,
lléname con la Paz que brota de cada una de tus santas Llagas.
Prepárame para recibir la gracia que me quieras regalar.
Señor,
que tu suave y profundo amor,
penetre en mis heridas y llene mis vacíos con tu Santo Espíritu.
Que junto con María, mi madre,
me abandone en tus amorosos brazos, para que te lleves toda la inquietud de mi corazón y pueda experimentar tu paz.
Jesús, lava mis heridas, mi corazón y todo mi ser.
Sedúceme, Jesús, con la dulzura de tu Amor, de la mano de mi Madre.
Padre amado,
me entrego a tu paternal corazón, para que obres en el mío.
Regálame tu alegría, Señor y hazme descansar en Ti.

 

Oración al Amigo por el amigo

Señor, yo te doy gracias por el amigo que me diste.
Es a través de su presencia que Tú estás a mi lado.
Mirando en sus ojos, descubrí el sentido profundo que se oculta en tu profundo mirar.
Dejándome cautivar por su contagiosa sonrisa aprendí también a sonreír;
Oyendo sus confidencias sinceras aprendí a escuchar Tu Voz.
Recibiendo tantas pruebas de cariño, aprendí a amar a los que conviven conmigo.
Compartiendo la vida, la fe, los errores, las lágrimas y las alegrías,
Yo te admire en el rostro sereno de mi amigo.
Gracias te doy, mi Dios porque te revelas en gestos tan humanos
Que puedo experimentarte siempre en la persona de este amigo que me ama.
Haz que él sea muy feliz y yo te encuentre siempre en la transparencia de nuestra amistad. Amén.

 

Oración del viajero

ANTÍFONA. – Por los caminos de la paz y prosperidad nos dirija nuestro omnipotente y misericordioso Señor. Sea nuestro compañero en el viaje el arcángel Rafael, para que en paz y con salud y con alegría podamos volver a nuestra casa.
ORACIÓN. Oh Dios que hiciste caminar a los hijos de Israel por medio del mar a pie enjuto, y que por medio de una estrella mostraste el camino a los tres Magos; te rogamos nos concedas un viaje próspero y un tiempo tranquilo para que acompañados de tu santo Ángel podarnos llegar felizmente a donde vamos y, después de todo, al puerto de la eterna salvación.
Te rogamos, Señor, atiendas a nuestra súplica y ordenes prósperamente para nuestra salvación nuestro camino, para que en todas las peripecias de esta nuestra vida y peregrinación, seamos siempre protegidos por tu auxilio.
Oh Dios, que a tu siervo Tobías diste por compañero de su viaje al bienaventurado arcángel san Rafael: concédenos que seamos siempre protegidos por su custodia y fortalecidos por su auxilio. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

 

Oración del evangelizador

San Agustín, Confesiones 11, 2, 3

Señor Dios mío, escucha mi oración.
Que tu misericordia escuche mi deseo
que no me abrasa en aras de intereses puramente personales,
sino que busca ser útil al amor fraterno.
En mi propio corazón estás viendo que esto es así.

Permíteme ofrecerte el servicio de mi pensamiento y de mi lengua.
Pero dame también la misma ofrenda que voy a presentarte,
porque soy pobre y necesitado,
mientras que tú eres rico con todos los que te invocan.

Tú, que estás libre de preocupaciones,
te preocupas de nosotros.
Purifica mis labios, por dentro y por fuera
de toda temeridad y de toda mentira
Que tus Escrituras constituyan para mí un encanto lleno de pureza.
Que no me engañe en ellas
ni con ellas sirva a otros de engaño.

Señor, escucha y ten piedad.

 

Oración de ofrecimiento en el dolor físico o moral

Mission Hope

El Papa Juan XXIII concedió indulgencia plenaria a quienes
ofrezcan cada día a Dios su dolor físico o moral recitando
alguna oración de ofrecimiento y cumpliendo los requisitos
que pide la Iglesia para lucrar una indulgencia plenaria.

Señor mío,
Vengo de la mano de tu Madre a presentarme
delante de ti como un niño que no puede nada
por sí mismo, pero que lo espera todo de su
Padre, que es omnipotente.
Vengo lleno de esperanza a pedirte que no dejes
de mirarme y que te valgas de mí como tu
instrumento en favor de las almas que me has
encomendado y que llevo en mi costal.
¡Señor, actúa en estas almas, y si en algo puedo
colaborar, cóbrame a mí, pero actúa!
Hazlo a través de mí o de quien Tú quieras, pero
concédeles tu gracia.
Yo te ofrezco lo único que tengo: mi impotencia,
mi dolor y mi amor, que son la lanza con la que
abro tu Corazón, de donde salen todas las gracias.
Quiero en este día unir mi pequeña cruz a la
Tuya, y convertir mi dolor en cielo para las almas.
Permíteme acompañarte junto a todos los que te
ofrecen diariamente su vida para que se realice la
obra de tu Redención.
Dame tu gracia para HOY cumplir Tu voluntad
por AMOR, y si es posible, también con
ALEGRÍA…
Tú eres ¬el. ¡Confío en que Tú harás el resto!

 

Oración de un enfermo

Gracias, Dios mío, por la vida que me diste y por tantos beneficios recibidos. Con la Virgen María repito: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador».
Quiero vivir y morir creyendo en Ti. Como los Apóstoles te digo: «Auméntanos la fe».
Confío en tu bondad y misericordia y clamo como el buen ladrón: «Acuérdate de mí cuando estés en tu reino».
Espero poseerte eternamente en el cielo «que ni ojo vio ni oído oyó ni al corazón del hombre llegó lo que preparaste a los que Te aman».
Te amo y deseo amarte siempre «con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente». Como san Pedro Te digo: «Tú sabes que Te amo».
Recordando las faltas con que Te he ofendido, siento arrepentimiento y vergüenza. Con las palabras de David Te pido perdón: «Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa».
Si quieres sanarme, dame la salud. Si quieres hacerme participante de tu cruz, «hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo».
Te ofrezco mis penas y dolores en satisfacción de mis pecados. Sea que viva por un tiempo más o me llames a la «Casa del Padre», acepto lo que Tú quieras y cuando Tú lo quieras. «Para Ti el honor y la gloria por los siglos de los siglos». Amén.

 

Oración al comienzo de una obra o trabajo

Señor, te ofrezco este trabajo (tarea, estudio, emprendimiento)
que entiendo hacerlo por tu Amor,
por tu Gloria
y por cumplir tu santísima Voluntad.
Dame la gracia de hacerlo en conciencia,
anteponiendo el deber a todas mis comodidades y mis inclinaciones,
considerando un honor emplear los dones de Tus manos recibidos.
Dame la gracia de hacerlo en paz y con paciencia,
sin desanimarme por el cansancio y las dificultades.
Dame la gracia de hacerlo con alegría y espíritu de servicio.
Dame la gracia de construir con este trabajo( o estudio, etc) una Nueva Civilización digna del hombre, más justa y más fraterna, donde Tú seas conocido, amado y servido.
Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.

 

Oración ante la depresión

San Felipe Neri, santo de la alegría, dónanos del Señor los anticipos de la eterna delicia y líbranos de la amargura. Intercede por nosotros ante Dios Todopoderoso y eterno que vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.
Rezar Padre Nuestro Ave María y Gloria

 

Oración del buen humor

Santo Tomás Moro

Señor, dame una buena digestión, pero también algo para digerir.
Dame la salud del cuerpo y el buen humor, necesario para mantenerla

Dame, Señor, un alma sencilla que sepa sacar provecho de todo lo que
es bueno y no se asuste cuando vea el mal, sino mas bien que se
encuentre el modo de poner las cosas en su puesto.

Dame un alma que no conozca el aburrimiento ni los refunfuños,
suspiros o lamentos, y no permitas que me atormente demasiado por esa
cosa demasiado incómoda llamada «yo».

Dame, Señor, el sentido del buen humor

Amen

 

Oración al Corazón Divino de Jesús por la curación de un enfermo

Dulcísimo Jesús, que dijisteis:
«Yo soy la Resurrección y la Vida», que recibiendo y llevando en Vos nuestras enfermedades, curabas las dolencias de cuantos se te acercaban;
a Ti acudo para implorar de tu Divino Corazón a favor de los enfermos, suplicándote por intercesión de tu Santísima Madre, la bienaventurada siempre Virgen María, salud de los enfermos, quieras aliviar y sanar en la presente enfermedad a tu siervo….., si es conveniente para su bien espiritual y el de mi alma.
Señor Jesús, que al funcionario real que te decía: «Venid, Señor, antes que mi hijo muera», le respondisteis: «Vete, tu hijo vive».
Sánalo, Señor.
Señor Jesús, que al ciego de Jericó, que sentado junto al camino te decía en alta voz: «Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí», le respondiste: «Recupera tu vista, tu fe te ha salvado», y al momento vio.
Sánalo, Señor.
Señor Jesús, que diciendo : «Quiero, sé limpio», limpiaste al leproso, que te decía suplicante: «Señor, si quieres puedes limpiarme».
Sánalo, Señor.
Señor Jesús, que librasteis al mudo poseído del demonio, hablando luego con admiración a las turbas el que antes era mudo.
Sánalo, Señor.
Señor Jesús, que sanaste al enfermo que llevaba treinta y ocho años de su enfermedad, junto a la piscina de las ovejas, diciéndole: «Levántate, toma tu camilla y anda» y anduvo. Sánalo, Señor.
Señor Jesús, que delante del hijo muerto de la viuda de Naím, enternecido, dijiste a la madre: «No llores»; y tocando el féretro, añadiste: «Joven, a ti te digo, levántate»; entregándolo luego vivo a su madre.
Sánalo, Señor.
Señor Jesús, que dijisteis: «Bienaventurados los que lloran porque ellos serán consolados». Sanalo, Señor.
Señor Jesús, que dijisteis: «En verdad, en verdad te digo, que todo cuanto pidieras al Padre, en mi Nombre, os lo dará».
Sánalo, Señor.
Omnipotente y sempiterno Dios, eterna salud de los que creen, escúchanos en bien de tus siervos enfermos, por quienes imploramos el auxilio de tu Misericordia; a fin de que recobrada la salud, te den en tu Iglesia ferviente acción de gracias. Por Cristo Nuestro Señor. Así sea.

 

Oración de sanación de recuerdos o heridas del pasado

Autor: P. Emiliano Tardif | Fuente: Catholic.net

Padre de bondad, Padre de amor, te bendigo, te alabo y te doy gracias porque por amor nos diste a Jesús.

Gracias Padre porque a la luz de tu Espíritu comprendemos que él es la luz, la verdad y el buen pastor, que ha venido para que tengamos vida y la tengamos en abundancia.

Hoy, Padre, quiero presentarte a este hijo(a). Tú lo(a) conoces por su nombre. Te lo(a) presento, Señor, para que Tú pongas tus ojos de Padre amoroso en su vida.

Tú conoces su corazón y conoces las heridas de su historia.
Tú conoces todo lo que él ha querido hacer y no ha hecho.
Conoces también lo que hizo o le hicieron lastimándolo.
Tú conoces sus limitaciones, errores y su pecado.

Conoces los traumas y complejos de su vida.
Hoy, Padre, te pedimos que por el amor que le tienes a tu Hijo, Jesucristo, derrames tu Santo Espíritu sobre este hermano(a) para que el calor de tu amor sanador, penetre en lo más íntimo de su corazón.

Tú que Sanas los corazones destrozados y vendas las heridas, sana a este hermano, Padre.
Entra en ese corazón, Señor Jesús, como entraste en aquella casa donde estaban tus discípulos llenos de miedo. Tú te apareciste en medio de ellos y les dijiste: «paz a vosotros». Entra en este corazón y dale tu paz. Llénalo de amor.

Sabemos que el amor echa fuera el temor.
Pasa por su vida y sana su corazón.
Sabemos, Señor, que Tú lo haces siempre que te lo pedimos, y te lo estamos pidiendo con María, nuestra madre, la que estaba en las bodas de Caná cuando no había vino y Tú respondiste a su deseo, transformando el agua en vino.

Cambia su corazón y dale un corazón generoso, un corazón afable, un corazón bondadoso, dale un corazón nuevo.

Haz brotar, Señor, en este hermano(a) los frutos de tu presencia. Dale el fruto de tu Espíritu que es el amor, la paz y la alegría. Haz que venga sobre él el Espíritu de las bienaventuranzas, para que él pueda saborear y buscar a Dios cada día viviendo sin complejos ni traumas junto a su esposo(a), junto a su familia, junto a sus hermanos.

Te doy gracias, Padre, por lo que estás haciendo hoy en su vida.
Te damos gracias de todo corazón porque Tú nos sanas, porque tu nos liberas, porque Tú rompes las cadenas y nos das la libertad.

Gracias, Señor, porque somos templos de tu Espíritu y ese templo no se puede destruir porque es la Casa de Dios. Te damos gracias, Señor, por la fe. Gracias por el amor que has puesto en nuestros corazones.

¡Qué grande eres Señor!
Bendito y alabado seas, Señor.

 

Oración del perdón

Padre bueno y misericordioso digno de
alabanza y adoración; hoy te doy gracias
por tu amor tierno y compasivo porque
perdonas mis faltas y las apartas de tu vista
sin que ellas disminuyan tu amor por mí.

Hoy quiero suplicarte una gracia especial,
concédele a mi corazón el poder comprender
la debilidad de mis hermanos, el entender
que aquellos que me han herido tal vez
también estaban heridos que no podían
dar lo que no tenían, por inmadurez o
ignorancia.

Dame, mi Dios, un corazón tolerante,
comprensivo y misericordioso como el tuyo.

Señor, dame la gracia de amar con tu
corazón.

Amén

 

Aceptación de la muerte

Oh Señor Dios mío, con toda mi voluntad y con resig¬nación acepto desde ahora cualquier género de muerte que te dignes enviarme, con todos los dolores, penas y congojas que la acompañen.

Recomendación del alma del moribundo
Cuando el alma se halle angustiada por el combate de su separación del cuerpo, se pueden decir las siguientes oraciones:
Alma cristiana, al salir de este mundo marcha en el nombre de Dios, Padre todopoderoso, que te creó; en el nombre de Jesucristo, Hijo de Dios vivo, que murió por ti; en el nombre del Espíritu Santo, que sobre ti descendió.
Entra en el lugar de la paz y que tu morada esté junto a Dios en Sión, la ciudad santa, con santa María Virgen, Madre de Dios, con san José y todos los ángeles y santos.
Querido hermano, te entrego a Dios y, como criatura suya, te pongo en sus manos, pues es tu Hacedor, que te formó del polvo de la tierra. Y al dejar esta vida, salgan a tu encuentro la Virgen María y todos los ángeles y santos.
Que Cristo, que sufrió muerte en la cruz por ti, te con-ceda la libertad verdadera. Que Cristo, Hijo de Dios vivo, te aloje en su paraíso. Que Cristo, buen Pastor, te cuente entre sus ovejas. Que te perdone todos los pecados y te agregue al número de sus elegidos. Que puedas contemplar cara a cara a tu Redentor y gozar de la visión de Dios por los siglos de los siglos. Amén.
A ti acudo, san José, Patrono de los moribundos; a ti, en cuyo tránsito estuvieron solícitos Jesús y María; por estas dos carísimas prendas te encomiendo encarecida-mente el alma de este tu siervo(a) N., que lucha en la última agonía; para que por tu protección sea libre de las ase-chanzas del diablo y de la muerte perdurable, y merezca llegar a los goces eternos. Por el mismo Cristo, nuestro Señor. Amén.

 

Últimos momentos

Procuren todos los presentes, de rodillas, orar con fervor. Si puede el moribundo, diga tres veces: JESÚS, JESÚS, JESÚS. Y si él no puede, dígalo con clara voz el sacerdote o alguno de los presentes. Y si parece prudente, diga lo que sigue al oído del enfermo.
En tus manos encomiendo mi espíritu. Señor mío Jesucristo, recibe mi alma. Santa María, ruega por mí.
María, Madre de gracia, Madre de misericordia, defiénde¬me del enemigo y recógeme en la hora de mi muerte.
San José, ruega por mí.
San José, con la bienaventurada Virgen, tu esposa, abrid-me el seno de la divina misericordia.
Jesús, José y María, os doy el corazón y el alma mía. Jesús, José y María, asistidme en mi última agonía.
Jesús, José y María, duerma y descanse en paz con vos el alma mía.

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Nació el 28 de febrero de 1961 en Monterrey, México. Pertenece a la Congregación de los legionarios de Cristo. Fue ordenado sacerdote por el Papa Juan Pablo II el 3 de enero de 1991. Después de 25 años de servicio en la secretaría general de la Legión de Cristo y del Movimiento Regnum Christi en Roma, preside actualmente la Cátedra de espiritualidad de la Universidad Anáhuac de México. Centra su ministerio en la dirección espiritual y la predicación de cursos de oración y retiros. Ha escrito: ¿Cómo orar? Guía sencilla para despertar el corazón profundo, y Oraciones para encontrar paz.