¿Cómo rezar bien el Rosario?

¿Cómo rezar bien el Rosario?

Tres angustias radicales del ser humano son: perder el sustento, el miedo a la muerte y no encontrar el descanso eterno.

La Virgen María conoce bien a sus hijos, sabe que estas preguntas nos escuecen por dentro y que se nos presentan con mayor o menor fuerza según las circunstancias, los tiempos, la personalidad y la conciencia de cada uno. Por ello hacemos bien en pedirle: “Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.”

Al rezar el Rosario desde nuestra realidad de hijos, pecadores y en camino, le presentamos esta súplica 50 veces seguidas.

Pensé que el tema podría venir a cuento ahora que estamos en el mes de Mayo, mes de la Madre. ¿Cómo rezar el santo rosario? 

¿Cuál es el mínimo de oración que debemos hacer cada día?

¿Cuál es el mínimo de oración que debemos hacer cada día?

Conocí un matrimonio que ha formado una familia con 7 hijos. Ambos trabajan, tienen un buen grupo de amigos, cada año van de misiones en familia. El día de fin de año hicieron un balance de su vida matrimonial. Reconocieron que la relación se estaba enfriando. Se dedicaban a cuidar, educar y mantener a sus hijos, pero estaban descuidando su vida matrimonial . Decidieron poner los medios para asegurar al menos 15 minutos diarios de estar los dos juntos, totalmente el uno para el otro. Durante esos 15 minutos ponen una veladora a la puerta de su habitación y un letrero: “Tiempo para mamá y papá”. Los hijos saben que durante ese espacio no se les puede interrumpir.

7 medios prácticos para formar el hábito de la presencia de Dios

7 medios prácticos para formar el hábito de la presencia de Dios

En las últimas dos notas he hablado sobre el hábito más importante la vida espiritual: el hábito de la presencia de Dios. Allí he explicado en qué consiste. Ahora propongo algunos medios prácticos para vivir en la presencia de Dios.

Cuando sufres y no entiendes nada

Ayúdame, oh Señor, a ser misericordioso

¿Por qué me sucede esto a mí? ¿Cómo lo permite Dios? ¿Qué hice para merecer este castigo? ¿Qué será de mi futuro? Son preguntas hirientes que brotan con frecuencia en medio del sufrimiento.

Con el salmista (Sal 30) gritamos:

“Piedad, Señor, que estoy en peligro:

se consumen de dolor mis ojos,

mi garganta y mis entrañas.”

Le damos vueltas con la cabeza y no entendemos nada. Es simplemente incomprensible. Toda la sensibilidad se retuerce y a veces se rebela. No es para menos. “No lo entiendo, Señor, no tiene ningún sentido, no me entra en la cabeza.”

¿Cómo encontrar la paz profunda del corazón?

¿Cómo encontrar la paz profunda del corazón?

Los hombres somos bastante autosuficientes, pero a cada paso nos topamos con la evidencia brutal de nuestros propios límites. Nos damos cuenta de que somos frágiles, que no todo resulta como quisiéramos, que cometemos errores y pecados, que hay cosas que no dependen de nosotros y nos ponen un alto o una desviación en el camino, aunque no nos guste… Esto quita la paz.