Claves para un buen Examen de Conciencia

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El amor: un camino seguro para crecer en mi oración

¿Qué es el examen?

Es hacer memoria y que todo te recuerde a la persona amada: Cristo Redentor. es contemplar todo con amor y descubrir el modo de vivir al estilo de Cristo. Es escuchar al Espíritu Santo en tu historia de cada día. Es una oración sobre tu vida. Es una revisión de tu jornada para allí encontrarte con Dios. Es una forma de oración en la que buscas la presencia y la acción del Espíritu Santo en tu vida.

Es llevar ante Dios la historia del día recién transcurrido, contársela y contemplar su presencia.

¿Cómo se hace el examen?

Más que un método en que importen mucho los pasos, importan las actitudes: actitud de escucha, de gratitud, de docilidad, de obediencia, de confianza, de abandono, de correspondencia.

El examen parte de un enfoque teologal antes que moral. Más que emitir un juicio sobre los propios actos, se trata de sondear la presencia de Dios en ellos.

La pregunta que tratas de responder en el examen o balance del día es: Señor ¿qué quieres de mi? ¿Cómo puedo vivir más conforme a Cristo? ¿Qué me estás revelando a través de las experiencias, las personas, los sentimientos y acontecimientos?

La pregunta no es: ¿qué he hecho bien o mal el día de hoy? No es un examen de conciencia como el que se hace para preparar la confesión.

1. Pide luz al Espíritu Santo

Serenas tu alma, buscas silencio y quietud exterior e interior. Puedes cerrar los ojos, contemplar un crucifijo, una imagen de María o el paisaje. Puedes arrodillarte, sentarte o caminar. Lo que más te ayude. Te dispones a compartir con el Espíritu Santo lo que has vivido en el día y a preguntarle qué ha querido decirte.

Invocas al Espíritu Santo para pedirle que te ayude a reconocer dónde y cómo se te ha hecho presente durante el día, los mensajes que te ha enviado, los caminos que te ha mostrado y las invitaciones que te ha hecho.

Esta súplica puedes hacerla espontáneamente o ayudándote de una oración al Espíritu Santo.

Le estás pidiendo que con su luz te permita ver con la mirada de la fe. Que llene tu corazón de su presencia y de sus dones. Que te llene de su amor. Que te ayude a conocer la voluntad de Dios. Que te modele a semejanza de Cristo. Le pides también que te conceda generosidad para ser dócil a lo que Él te indique.

2. Identifica y agradece los dones del día

Haz un repaso del día: actividades, experiencias, encuentros con personas, conversaciones, lecturas, noticias, trabajos, sentimientos, comportamientos, actitudes, oraciones, inspiraciones del Espíritu Santo, etc.

Haz un elenco de todos los beneficios y regalos recibidos. Hazlo cada día. Te puede ayudar esta oración: Gracias, Padre!

Dale las gracias por todo ello, especialmente por las lecciones aprendidas, las luces recibidas, las oportunidades para ayudar a otros, los bellos momentos, los logros, los fracasos, los momentos en los que sentiste Su presencia.

Ve cuáles han sido tus actitudes, sentimientos y experiencias interiores: confianza, entrega, servicio, libertad, gratitud.. Pregúntate qué te han sugerido estos movimientos internos del alma. Contempla la acción de Dios en las personas, las obras y los acontecimientos. Pregúntale al Espíritu Santo qué te está diciendo, qué te está pidiendo. A través de los signos de su presencia, busca su rostro, escucha su palabra.

Ofrécele tus esfuerzos, cansancios, sufrimientos. Dile que todo lo haces por amor a Él queriendo cumplir su Santísima Voluntad.

Hay personas a quienes les ayuda poner todo esto por escrito y tras unas semanas o meses volver sobre lo escrito. Así puedes tener una mirada amplia del modo en que el Alfarero, el Espíritu Santo, se va manifestando y nos va moldeando.

3. Reconoce tus fallas, pide perdón y renueva tu confianza

Piensa en los errores, descuidos o faltas que tuviste, especialmente aquellas que afectan a los demás. Puede tratarse de sentimientos, acciones, pensamientos, actitudes, omisiones…

Pide perdón a Dios, toma la resolución de pedir perdón a quienes ofendiste, perdona a quienes te hicieron daño.

Si el día ha estado pesado o los golpes recibidos han sido dolorosos, pídele al Espíritu Santo que Él sea el descanso en tu fatiga, la tregua en tu duro trabajo, bálsamo para tus heridas.

Renueva tu confianza en Dios y abandónate en su Divina Misericordia.

4. Saca conclusiones y resoluciones

Pídele al Espíritu Santo que te muestre el camino para dejar que más y más sea Cristo quien viva en ti, quien piense en ti, quien sienta en ti, quien obre en ti. Pregúntale qué quiere que hagas, cuál es la Voluntad de Dios para ti, cómo puedes agradarle más.

No es necesario sacar un propósito nuevo cada día; lo ordinario será renovar los propósitos y resoluciones ya asumidas.

Ofrecerle el día de mañana y pídele fuerza para seguir avanzando por el camino de la Voluntad de Dios.

Puedes concluir con otra oración al Espíritu Santo.


Autor, P. Evaristo Sada L.C.(Síguelo en Facebook)

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