Abandono

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ORACIONES DE ABANDONO

 

 

Respira de mí, Oh Espíritu Santo

San Agustín

Respira en mí
oh Espíritu Santo
para que mis pensamientos
puedan ser todos santos.

Actúa en mí
oh Espíritu Santo
para que mi trabajo,
también pueda ser santo.

Dibuja mi corazón
oh Espíritu Santo
para que sólo ame
lo que es santo.

Fortaléceme
oh Espíritu Santo
para que defienda
todo lo que es Santo.

Guárdame pues
oh Espíritu Santo
para que yo siempre
pueda ser santo.
Amén.

 

Acto de confianza

S. Claudio La Colombiére, S. J.

Estoy tan convencido, Dios mío, de que velas sobre los que esperan en ti, y de que nada puede faltar a quien espera de ti todas las cosas, que he determinado vivir en adelante, sin ningún cuidado y descargarme en ti de todas mis solicitudes: en paz dormiré y descansaré en tus promesas, porque tú, Señor, me has afirmado singularmente en la esperanza. Pueden los hombres despojarme de los bienes y de la honra; pueden las enfermedades quitarme las fuerzas y los medios de servirte; puedo yo perder hasta tu gracia por el pecado; pero jamás perderé mi esperanza: la conservaré hasta el último instante de mi vida y vanos serán los esfuerzos que todos los demonios del infierno hagan, en aquel momento, para arrancármela. En paz dormiré y reposaré. Que otros esperen su dicha de sus riquezas o de sus talentos; que descansen otros en la inocencia de su vida, o en el rigor de sus penitencias, o en la multitud de sus limosnas, o sobre el fervor de sus oraciones. Tú, Señor, a mí me has afirmado singularmente en la esperanza. En cuanto a mí, toda mi confianza está en mi confianza misma. Tal confianza nunca jamás a nadie salió fallida.
Nadie, nadie ha esperado en el Señor y ha sido confundido. Así es que estoy seguro de ser eternamente dichoso, porque espero firmemente serlo, y es de ti, oh mi i Dios, de quien lo espero. En ti, Señor, he esperado, no seré confundido eternamente. Conozco, ¡ay!, demasiado lo sé, que soy frágil y mudable; sé cuánto pueden las tentaciones contra las virtudes más robustas; he visto caer los astros del cielo y las columnas del firmamento; mas nada de esto puede espantarme. Mientras yo espere, estoy a cubierto de todas las desgracias; y estoy seguro de esperar siempre, porque espero también esta esperanza invariable. En fin, para mí es seguro que nunca será demasiado lo que espere de ti, y que nunca tendré menos de lo que de ti habré esperado.
Por tanto, espero que me defenderás en los riesgos mayores, que me sostendrás en los asaltos más furiosos y que harás triunfar mi flaqueza de mis enemigos más temibles. Espero que me amarás siempre y que yo te amaré también sin intermisión; y para llevar de una vez mi esperanza hasta allá adonde puede llegar de un solo vuelo con la esperanza, espero a ti mismo, de ti mismo, ¡oh, mi Creador!, y poder gozarte por el tiempo y por la eternidad. Amén.

 

Acto de amor a Dios

Del santo Cura de Ars

Yo te amo, Dios Mío y mi único deseo es amarte hasta el último momento de mi vida.
Te amo. Dios infinitamente amable y prefiero morir amándote a vivir un solo instante sin amarte.
Te amo, Señor, y la gracia que Te pido es la de amarte eternamente.
Te amo, Dios mío, y deseo el cielo sólo para poder tener la felicidad de amarte con todas mis potencias.
Te amo. Dios mío, infinitamente bueno y temo el infierno sólo porque ahí no tendría jamás el dulce consuelo de amarte.
Dios mío, si mis labios no pueden decirte a cada instante que Te amo, quiero que mi corazón Te lo repita cuantas veces yo respire.
Dios mío, dame la gracia de que sufra por tu amor y de amarte en mi sufrimiento.
Te amo, mi Divino Salvador, porque Tú has sido crucificado por mí.
Te amo, Dios mío, porque me tienes crucificado para acercarme a Ti. Amar a un hombre, Dios crucificado por nosotros, es amor de gratitud. Amar a un Dios que nos crucifica es amor generoso.
Dios mío, concédeme que muera por tu amor y conociendo que Te amo. A medida que me acerque a la muerte, dame la gracia de aumentar mi amor y de perfeccionarlo. Amén.

 

Ofrecimiento personal

S. Ignacio de Loyola

Toma, Señor, y recibe toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad, todo mi haber y poseer. Tú me lo diste; a Ti, Señor, lo torno; todo es tuyo. Dispón de mí según tu voluntad. Dame tu amor y gracia, que esto me basta.

 

Oración para encomendarse al santo Ángel de la guarda

S. Juan Berchmans

Ángel santo, amado de Dios, que después de haberme tomado, por disposición divina, bajo tu bienaventurada guarda, jamás cesas de defenderme, de iluminarme y de dirigirme; te venero como a protector, os amo como a custodio; me someto a tu dirección y me entrego todo a ti, para que me gobiernes. Te ruego, por lo tanto, y por amor de Jesucristo te suplico que, cuando te sea ingrato y obstinadamente sordo a tus inspiraciones, no quieras por ello abandonarme; antes al contrario, ponme pronto en el recto camino si me he desviado de él, enséñame si soy ignorante, levántame si he caído, sosténme si estoy en peligro, y condúceme al cielo para poseer en él una felicidad eterna. Amén.

 

Oración de la misericordia

San Agustín, Confesiones 10, 29, 40

Toda mi esperanza está depositada sólo en tu misericordia,
que es inmensamente grande.

Da lo que mandas y manda lo que quieras.

¡Oh amor, que siempre ardes y que nunca te apagas!

¡Caridad, Dios mío, enciéndeme!

Mandas la continencia, ¿no?;
pues da lo que mandas y manda lo que quieras.

 

Oración al Padre

Charles de Foucauld

Padre, me pongo en tus manos
haz de mí lo que quieras
sea lo que sea,
te doy las gracias.

Lo acepto todo
con tal que tu voluntad
se cumpla en mí
y en todas tus criaturas.

No deseo nada más, Padre.
yo te ofrezco mi alma
y te la doy
con todo el amor de que soy capaz.

Porque deseo darme,
ponerme en tus manos,
sin medida,
con infinita confianza
porque Tú eres mi Padre.

 

Nada te turbe

Santa Teresa de Jesús

Nada te turbe,
nada te espante,
todo se pasa,
Dios no se muda.

La paciencia
todo lo alcanza.

Quien a Dios tiene
nada le falta.

Sólo Dios basta.

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Nació el 28 de febrero de 1961 en Monterrey, México. Pertenece a la Congregación de los legionarios de Cristo. Fue ordenado sacerdote por el Papa Juan Pablo II el 3 de enero de 1991. Después de 25 años de servicio en la secretaría general de la Legión de Cristo y del Movimiento Regnum Christi en Roma, preside actualmente la Cátedra de espiritualidad de la Universidad Anáhuac de México. Centra su ministerio en la dirección espiritual y la predicación de cursos de oración y retiros. Ha escrito: ¿Cómo orar? Guía sencilla para despertar el corazón profundo, y Oraciones para encontrar paz.