Cursos – talleres de oración ¿Cómo son?

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San Agustín: un corazón inquieto en busca de la Verdad

 

El objetivo es que durante los cursos-talleres los participantes vivan la experiencia interior del amor de Dios, que perciban Su presencia en el propio corazón y en todo lo que les rodea, que aprendan a escucharle y a hablar con Él, que gusten y contemplen la belleza de Dios. Que descubran cómo Dios quiere estar cerca a lo largo del día, por más normal y mundana que pueda parecer la propia vida.

 

 

(Talleres de oración del P. Evaristo Sada, L.C.)

Que descubran y disfruten una nueva bienaventuranza: ¡Felices los que oran! Porque ellos experimentarán el abrazo de Dios.

 

Características básicas de los talleres de oración

Para lo cual, procuro que los cursos tengan las siguientes características:

1. Bajo la acción del Espíritu Santo. Sin Él, nada podemos hacer en el orden de la gracia. Desde la preparación del curso y más todavía durante el curso mismo: invocar la acción del Espíritu Santo. El crecimiento en la oración es un don. Pedirle que la luz y el calor de Su amor inunden hasta lo más hondo nuestras almas, nuestras familias y comunidades. Que como sucedió con los primeros cristianos, el fuego del amor de Cristo, desde cada corazón ardiente, se propague hasta los confines de la tierra. Esta súplica debe estar muy presente en la oración del director del curso, de los participantes y de otras personas o comunidades que nos apoyen con sus oraciones.

 

2. Escuchar, de verdad entender lo que cada auditorio necesita y que sea eso lo que encuentren. Antes de cada curso hago una encuesta a los participantes, para entender su situación, saber lo que esperan, lo que necesitan, etc. Y preparar el curso para ellos. No es buena práctica el tomar un libro y repetirlo a cualquier grupo o el pedir apuntes prestados y hacer un “recalentado”. Escuchar, entender al auditorio, preparar y dar lo que ellos necesitan.

 

3. Solidez doctrinal (Biblia, Catecismo, Magisterio, Santos Padres, maestros de la vida espiritual).

 

4. Enfoque existencial, muy humano. Para ello lo  más importante es hablar desde la propia experiencia. Siempre da algo de reparo hablar de lo que uno lleva dentro. Al menos yo siento que no hay nada que pueda aprovechar a otros. Pero hay que hacerse violencia, abrir el alma y partir de allí, sin temor a abrir las propias dudas, inquietudes, etc. Y tocar la realidad de la vida diaria de los participantes.

 

5. Método vivencial. Poca materia y a fondo. Pocas conferencias, muchos talleres y oración. Es indispensable ayudar a las personas a vivir, a experimentar la belleza y la grandeza del encuentro personal con Cristo.

 

6. Acompañamiento personal. Que durante el curso haya suficientes directores espirituales y confesores para atender personalmente a todos los participantes. Y que luego les den seguimiento.

 

7. Sencillez y practicidad. No complicar las cosas, cuanto más simple mejor. Dios es simple. La oración debe ser simple. Ofrecer medios, recursos y consejos muy prácticos, cuidando que no sean demasiados y pidiendo a los participantes que antes de salir del curso tomen determinaciones prácticas-prácticas de una, dos o tres cosas, no más, que van a hacer para dar un paso adelante en su vida de oración.

 

8. Apoyo comunitario, clima familiar, espontáneo, respetuoso y amistoso.

 

9. Con amplios espacios de silencio y oración personal y comunitaria. No es un retiro, sino un curso, pero el mejor modo de aprender es en la práctica, además de que es lo primero que la gente va buscando: paz, reflexión, soledad consigo mismos y con Dios.

 

10. En un lugar bello, silencioso, en contacto con la naturaleza.


Contacto: Lilí Gallego 

Autor, P. Evaristo Sada L.C.(Síguelo en Facebook)

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