En los últimos momentos de la vida

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En los últimos momentos de la vida

Procuren todos los presentes, de rodillas, orar con fervor. Si puede el moribundo, diga tres veces: JESÚS, JESÚS, JESÚS. Y si él no puede, díga¬lo con clara voz el sacerdote o alguno de los presentes. Y si parece pruden¬te, diga lo que sigue al oído del enfermo.
En tus manos encomiendo mi espíritu. Señor mío Jesucristo, recibe mi alma. Santa María, ruega por mí.
María, Madre de gracia, Madre de misericordia, defiénde¬me del enemigo y recógeme en la hora de mi muerte.
San José, ruega por mí.
San José, con la bienaventurada Virgen, tu esposa, abrid¬me el seno de la divina misericordia.
Jesús, José y María, os doy el corazón y el alma mía. Jesús, José y María, asistidme en mi última agonía.
Jesús, José y María, duerma y descanse en paz con vos el alma mía.
Otras jaculatorias para ayudar a morir a los enfermos y que podemos rezar con frecuencia:
Jesús mío, misericordia.
Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío.
Dulce Corazón de María, sé la salvación mía.
Glorioso san José, asísteme.
Jesús mío, hágase tu voluntad.
Dulcísimo Jesús, no seas mi Juez, sino mi Salvador.
María, Madre mía, no me desampares.
Jesús, Dios mío, te amo sobre todas las cosas.

María, refugio de pecadores, ruega por mí.
Glorioso san José, alcánzame una buena y santa muerte.
Corazón Sacratísimo de Jesús, todo sea por ti.
aceptación de la muerte
que puede hacerse en cualquier tiempo Oh Señor Dios mío, con toda mi voluntad y con resig-nación acepto desde ahora cualquier género de muerte que te dignes enviarme, con todos los dolores, penas y congojas que la acompañen.
Cuando el alma se halle angustiada por el combate de su sepa¬ración del cuerpo, se pueden decir las siguientes oraciones:
Alma cristiana, al salir de este mundo marcha en el nombre de Dios, Padre todopoderoso, que te creó; en el nombre de Jesucristo, Hijo de Dios vivo, que murió por ti; en el nombre del Espíritu Santo, que sobre ti descendió.
Entra en el lugar de la paz y que tu morada esté junto a Dios en Sión, la ciudad santa, con santa María Virgen, Madre de Dios, con san José y todos los ángeles y santos.
Querido hermano, te entrego a Dios y, como criatura suya, te pongo en sus manos, pues es tu Hacedor, que te formó del polvo de la tierra. Y al dejar esta vida, salgan a tu encuentro la Virgen María y todos los ángeles y santos.
Que Cristo, que sufrió muerte en la cruz por ti, te con¬ceda la libertad verdadera. Que Cristo, Hijo de Dios vivo, te aloje en su paraíso. Que Cristo, buen Pastor, te cuente entre sus ovejas. Que te perdone todos los pecados y te

agregue al número de sus elegidos. Que puedas contem¬plar cara a cara a tu Redentor y gozar de la visión de Dios por los siglos de los siglos. Amén.
A ti acudo, san José, Patrono de los moribundos; a ti, en cuyo tránsito estuvieron solícitos Jesús y María; por estas dos carísimas prendas te encomiendo encarecida¬mente el alma de este tu siervo(a) N., que lucha en la últi¬ma agonía; para que por tu protección sea libre de las ase¬chanzas del diablo y de la muerte perdurable, y merezca llegar a los goces eternos. Por el mismo Cristo, nuestro Señor. Amén.
Cuando ya haya expirado, se dirá:
V. Venid en su ayuda, santos de Dios; salid a su encuentro, ángeles del Señor.
R. Recibid su alma y presentadla ante el Altísimo.
V. Cristo, que te ha llamado, te reciba, y los ángeles te lleven al seno de Abraham.
R. Recibid su alma y presentadla ante el Altísimo.
V. Dale, Señor, el descanso eterno y brille para él (o ella) la luz eterna.
R. Recibid su alma y presentadla ante el Altísimo.
Señor, ten piedad. Cristo, ten piedad. Señor, ten piedad.
Padrenuestro.