8 julio,2019

Ser Testigo del Evangelio

Afán Apostólico

XIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

TEXTO EVANGÉLICO

Después de esto, designó el Señor otros setenta y dos, y los mandó delante de él, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía: «La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias; y no saludéis a nadie por el camino. Cuando entréis en una casa, decid primero: “Paz a esta casa” (Lc 10. 1-5).

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COMENTARIO

Es la hora de los laicos, la hora de quienes pueden contribuir a extender el Evangelio. La penuria de obreros de la mies, que preveía Jesús, se agudiza en estos tiempos, y aunque se mire constantemente al Papa, para ver si levanta la ley del celibato, o permite la ordenación de profesionales acreditados, no por ello queda menguada la responsabilidad de aquellos a los que se alude al nombrar a los setenta y dos discípulos.

El mensaje del Evangelio es atractivo cuando lo ofrecemos enviados por Jesús. Él nos invita a saludar con la expresión más significativa, la que Él mismo, resucitado de entre los muertos, pronuncia ante sus discípulos: “Paz a vosotros”, que no es una expresión manida, sino que abarca toda la profundidad del reino de Dios, que es reino de paz, de justicia, de vida y de verdad. Que no es otro que el mismo Jesucristo: “Yo os doy mi paz”. “Yo soy el camino, la verdad y la vida”. Yo soy la Luz del mundo”. “Yo soy el buen Pastor”.

Solo desde la totalidad con la que se presenta Jesús se comprende su exigencia, aparentemente exagerada: “No llevéis nada para el camino”. “Yo soy el pan de vida”. “Yo soy la resurrección”.

Ante esta declaración, la invitación no tiene excusa: “Poneos en camino”. Es tiempo misionero, evangelizador, testimonial, de quienes nos comprendemos en el grupo de los setenta y dos, en definitiva, de quienes hemos sido bautizados.

CUESTIÓN

¿Te sientes motivado para ser testigo del Evangelio?

 


Agradecemos esta aportación a Don Ángel Moreno de Buenafuente (consulta aquí su página web)

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