La verdadera paz es divina

La verdadera paz es algo divino que solamente pueden producir la Sabiduría y el Amor. Para ser pacíficos no basta vivir en dulce concordia con nuestros hermanos, ni es suficiente haber logrado la tranquila armonía de todas nuestras potencias bajo el imperio único de la voluntad; es preciso que todos los anhelos del alma se fundan en un solo divino anhelo, que no haya en ella corrientes dispersas de afectos, sino que todas se encaucen en un mismo raudal; es indispensable que el alma se simplifique a la manera de Dios, con esa simplicidad riquísima que todo lo reduce a la unidad. ¿Quién puede producir esa obra divina, sino el amor que por su esencia simplifica, que es germen divino de unidad y que uniéndonos íntimamente con Dios colma todos nuestros anhelos y funde todos nuestros afectos en el único objeto de nuestra voluntad y de nuestra vida, y en cuanto es posible nos transforma en la Unidad y en la eterna Simplicidad? Pero si es propio de quien ama tener paz, lo que produce la paz es la sabiduría. Con admirable profundidad dijo San Agustín que la paz es la tranquilidad del orden; pero el orden es la simplificación de lo múltiple, y así el alma pacífica es la que descansa tranquila en la divina simplificación. El amor engendra la paz, enlazándola con la divina Unidad; mas la simplificación misma, el orden tranquilo, es fruto de la Sabiduría. Ya dijeron los filósofos que es propio del sabio ordenar, porque con la luz única y simple de las cosas altísimas ilumina al universo y lo simplifica en la unidad. (El Espíritu Santo)