La raíz, el tallo y la flor

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Sobre la raíz de David se levantará un tallo, y sobre este tallo una flor, y sobre ella descansará el Espíritu de Dios. Con esta imagen anuncia Isaías a Jesucristo. Ahora bien: Jesucristo es la cabeza y modelo de los cristianos, es el arquetipo de la vida espiritual, y lo que a Él conviene, conviene, en la debida proporción, a todo lo que de Él nace. Por eso la piedad está bien representada por esta imagen. Hay una raíz que es la razón, un tallo que es la fe y una flor que es la espiritualidad. Sin raíz no hay tallo, sin tallo no hay flor. La flor se levanta sobre el tallo y éste sobre la raíz. La savia misteriosa, fecundando la raíz, sube por el tallo y viene a dilatarse en la flor. Así también por la acción misteriosa de la savia divina, que se llama la gracia, la razón, que es la raíz, es fecundada; sobre ella se levanta el tallo de la fe, y sobre este tallo de la fe se despliega la admirable flor de la espiritualidad. Así, la espiritualidad es la flor de la fe y de la razón, y se apoya a la par sobre la razón y la fe; y toda espiritualidad que no tenga este tallo y esta raíz, digamos con propiedad, toda espiritualidad que en sus fundamentos no es teológica y racional, no es la flor sobre la cual descansa el Espíritu de Dios. (José Tissot, La vida interior)