Espíritu sobrenatural

227

El mundo creado que nos rodea es como una voz que nos habla. Si nuestra fe es débil esa voz provoca en nosotros la distracción, nos separa de Dios y nos centra en nosotros mismos. Con el aumento de la fe se produce el proceso opuesto; el mundo externo empieza a hablamos de Dios, nos concentra en Dios y nos impulsa hacia él. Se convierte en un signo de su presencia, nos ayuda a entablar contacto con él y se transforma en un lugar de encuentro con él. La fe hace capaz de superar las apariencias, de distinguir la causa primera de las segundas, y de advertir que lo que sucede alrededor no se produce por obra del hombre. La fe te posibilita descubrir las huellas de Dios en la criatura. Te da la posibilidad de advertir, en los fenómenos y en los acontecimientos, la expresión de la voluntad de Dios, del paso de Dios por tu vida, y por la vida del mundo. (Tadeuz Dajczer, Meditaciones sobre la fe).