15 Frases cortas de Santos

El silencio de Dios en la Biblia

“Lo único que cuenta es una fe activa en la práctica del amor”.

(San Pablo Gálatas 5,1-6) Ver original

 

“De nada debe huir el hombre prudente tanto como de vivir según la opinión de los demás.”

(San Basilio Magno) Ver original

 

“Sea cual fuere el don que hagamos a alguien, el primer regalo que le hacemos es el de amarle.”

(Santo Tomás de Aquino) Ver original

 

“Antes de hablar de paz, debes tenerla en tu corazón.”

(San Francisco de Asis) Ver original

 

“Ya no necesito más: conozco a Cristo pobre y crucificado.”

(San Francisco de Asis) Ver original

 

“Dichoso quien no tiene más gozo y alegría que las palabras y obras del Señor.”

(San Francisco de Asis) Ver original

 

“No da Dios más de lo que se puede sufrir.”

(Santa Teresa de Jesús) Ver original

 

“Poned los ojos en el centro, que es la pieza o palacio donde está el rey”

(Santa Teresa de Jesús) Ver original

 

“El aprovechamiento del alma no está en pensar mucho, sino en amar mucho.”

(Santa Teresa de Jesús) Ver original

 

“No nos lamentemos, esforcémonos por someternos mansamente a la voluntad de Dios cuando lleguen “esas pequeñas molestias diarias”.”

(San Francisco de Sales)  Ver original

 

“Por encima de todo, conservad la paz del corazón, que es el mayor tesoro. “

(Santa Margarita María Alacoque) Ver original

 

“Tu misión no está cumplida todavía; y más que se ser absorbida en Dios debes tener sed de la salvación de los hermanos: “Tengo sed”.”

(San Pio de Pietrelcina) Ver original

 

“En los buenos momentos y en los malos, tenemos que llevar la cruz de Jesús, no delante, sino detrás de él, como Simón de Cirene, hasta la cumbre del Calvario.”

(San Damián) Ver original

 

“Si no amamos el corazón de Jesús, ¿qué amaremos, pues? ¡No hay más que amor en este corazón! ¿Cómo no amar lo que es tan amable?”

(San Juan María Vianney) Ver original

 

“Ni en mil vidas de las nuestras llegaríamos a entender cómo merece ser tratado este Señor, ante quien tiemblan los ángeles.”

(Santa Teresa de Jesús) Ver original