La Tentación del Futuro

Meditación: Solemnidad de Todos los Santos

Para nosotros es mejor que vivan en el futuro, a donde apuntan las pasiones y lo que menos se parece a la eternidad. Ahí se enraízan casi todos los vicios… Queremos que piensen del futuro como una tierra prometida y no como algo que todos alcanzan a una tasa de 60 minutos por hora.

C.S.Lewis en The Screwtape letters

 

Trabajamos, ahorramos y prevemos para el futuro. Educamos y formamos a nuestros hijos para que en el “futuro” sean hombres y mujeres de bien. Anhelamos ese futuro en donde viviremos con comodidad, gozaremos de buena salud y disfrutaremos de lo que hemos conseguido en base a nuestro esfuerzo de tantos años. Ingenuamente creemos que en el futuro, por fin, seremos felices. Pero la realidad es que ninguno de nosotros puede tener la certeza de si llegaremos con vida a ese momento que ni siquiera es preciso, para algunos quizá son 10 años, para otros 20 o incluso 30 años de distancia.

Ninguna de estas actitudes es totalmente equivocada. Es bueno ser previsor y anticiparse a las necesidades que se pueden tener a una edad avanzada.

Creo que el error radica en dos aspectos: el primero, es considerar que los bienes a atesorar para el futuro son exclusivamente materiales: ingresos, rentas, pensiones, propiedades… descuidando en muchos casos las relaciones personales, la caridad hacia los demás, el bien del otro, la relación personal con Dios.

Y en segundo lugar, se olvida pensar en el futuro verdadero, el que dura para siempre: la eternidad. “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo si pierde su alma?” ¿No debería ser la prioridad número uno en nuestras vidas ganar un boleto al cielo? En lo personal, lo creo así y la realidad es que, como dice C.S. Lewis en la misma obra: “…el presente es el punto donde el tiempo toca la eternidad”.

Mi futuro eterno sólo puedo ganármelo hoy, ahora, en cada momento, “a una tasa de 60 minutos por hora”. El momento presente es lo único que tengo, rápidamente se convierte en un pasado que no puedo cambiar o en oportunidades que dejé ir.

La tentación es olvidar esta realidad, la intención del enemigo es alejarnos de nuestra posibilidad de salvación. Y una forma muy sutil de hacerlo, que aparece tan lógica como sensata, es distraernos con asegurar nuestro futuro. La realidad es que el futuro es incierto para todos, nadie puede comprar un segundo más de vida. Pero el cielo que Cristo nos consiguió con su encarnación, su vida, muerte y resurrección, nada ni nadie puede arrebatárnoslo. Está garantizado para todo aquel que persevere en la fe y se acoja a la misericordia de Dios.

Señor, te pido que redirijas mis esfuerzos a tener presente en todo momento, en cada decisión y en cada acción mi vocación a la santidad. Que el Espíritu Santo me ilumine para luchar por la eternidad, futuro que llegará cuando Tú lo decidas.

 


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