Déjame, Señor, así

Déjame, Señor, así;

déjame que en ti me muera,

mientras la brisa en la era

dora el tamo que yo fui.

Déjame que dé de mí

el grano limpio, y que fuera,

en un montón, toda entera,

caiga el alma para ti.

Déjame, cristal, infancia,

tarde seca, sol violento,

crujir de trigo en sazón.

Coge, Señor, mi abundancia,

mientras se queda en el viento

el olor del corazón.

Gloria al Padre, gloria al Hijo,

gloria al Espíritu Santo,

por los siglos de los siglos. Amén.