Ven y sígueme: Jesús nos llama

A la luz de estas palabras adquiere plena evidencia la llamada de Cristo: “ve, vende cuanto tienes, dalo a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo, y ven y sígueme”. Entre este “ve” y el siguiente “ven y sígueme” se establece una relación estrecha. Puede decirse que estas últimas palabras determinan la esencia misma de la vocación; se trata, en efecto, de seguir las huellas de Cristo (“sequi”, de lo que deriva la “sequela Christi”). Los términos “ve… vende… dalo” parecen definir la condición que precede a la vocación. Por otra parte, esta condición no está “fuera” de la vocación, sino que se encuentra “dentro” de la misma. En efecto, el hombre hace el descubrimiento del nuevo sentido de la propia humanidad, no sólo para “seguir” a Cristo, sino en tanto en cuanto lo sigue. Cuando el hombre “vende lo que posee” y “lo da a los pobres”, entonces descubre que aquellos bienes y aquellas comodidades que poseía no eran el tesoro junto al cual permanecer; el tesoro está en su corazón, hecho por Cristo capaz de “dar” a los demás, dándose a sí mismo. Rico no es aquél que posee sino aquél que da, aquel que es capaz de dar.