El Señor nunca se olvida de nosotros

Ya sabéis que lo que de presente tenemos lo sentimos más. Y si miráis al aprieto que de presente tenéis, y cómo el Señor no os saca de él, juzgaréis que el cuidado que el Señor tenía de vos lo ha ya perdido; y diréis lo que dijeron los Apóstoles en una grave tempestad de la mar, al Señor que estaba durmiendo (Mc., 4, 38): ¿Maestro, no se te da nada de que perecemos? Y de esta manera comprenderos ha la reprensión de la Escritura, que dice (Eccli., 27, 12): El necio se muda como la luna; conviene a saber, porque ya está de una manera, ya está de otra. Y seréis como la veleta del tejado, que aun en un día tiene muchas mudanzas, porque con cada viento se muda. Tuvisteis al Señor en posesión de cuidadoso de vos, y de amparo en vuestros trabajos, porque entonces os sopló el viento de su misericordia y consolación, con que os libró, y disteis le gracias. Y porque ahora os sopla otro viento, con que el Señor os quiere probar y atribular, no tenéis el crédito ni la confianza que antes teníades. De manera que no creéis sino lo que veis; y no tenéis al Señor en otra posesión, sino según de presente lo hace con vos, sin aprovecharos de lo que muchas Veces pasadas experimentasteis, para estar confortada en el Señor en la prueba presente. (Juan De Ávila, Audi filia)