Oblación a la Virgen María

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Soy toda tuya, Santísima Virgen, para ser más perfectamente de Dios. Y pues te pertenezco, enséñame a imitar tu santa vida, mediante el cumplimiento de lo que Dios quiere de mí. Con toda humildad reclamo tu ayuda; tú que conoces mi debilidad y ves mi corazón, dígnate suplir con tus súplicas lo que yo deje de hacer por mi impotencia y negligencia, y puesto que es de tu amado Hijo mi Redentor, de quien has recibido las heroicas virtudes que has practicado en este mundo, une el espíritu de mis acciones a su santa presencia, para gloria de su santo amor. ¡Que toda criatura honre tus grandezas, te mire como el medio seguro para ir a Dios y te ame con preferencia a cualquiera otra pura criatura, y que todas ellas te tributen la gloria que mereces como Hija muy amada del Padre, Madre del Hijo y digna Esposa del Espíritu Santo!

Ten compasión, Santísima Virgen, de todas las almas rescatadas por el Hijo de Dios y tuyo. Muestra a la Justicia divina los purísimos pechos que le han ofrecido la sangre derramada en la muerte de tu divino Hijo para nuestra Redención, a fin de que el mérito de ésta sea aplicado a todas las almas de los agonizantes para darles una completa conversión, y a nosotros, alcánzanos con tus súplicas todo aquello de que tenemos necesidad para glorificar a Dios eternamente en la Bienaventuranza esencial, y gozar también de la accidental que tu querida vista proporcionará a los bienaventurados.