Nadie es buen juez de su propia causa

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Sed cuidadosa en miraros y reprehenderos, y presentándoos delante la presencia de Dios, delante del cual es más seguro el humilde conocimiento de nuestras faltas que la soberbia justicia de nuestras buenas obras. Y no seáis como algunos amadores de su propria estima, que, por no parecerse mal a sí mismos, se huelgan en pensar mucho otras cosas devotas, y pasan por el conocimiento de sus defectos, porque no hallan en ellos sabor, pues no aman su proprio desprecio; como, a la verdad, ninguna cosa hay tan segura, ni que así haga que aparte Dios sus ojos de nuestros pecados, como mirarnos nosotros y reprehendernos, según está escrito: Si nos juzgásemos nosotros mismos, no seríamos juzgados de Dios.

Audi filia