La obediencia ha de ser indiferente

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Condiciones de la obediencia religiosa y consagrada

La tercera condición de la obediencia es que sea indiferente a todo lo que mande el Director. Los defectos contrarios son: Primero, obedecer mejor en una cosa que en otra. Segundo, dar oídos a las propias inclinaciones o repugnancias respecto a lo mandado. Tercero, insinuar al Director aquello a que se siente inclinación, para hacerle condescender en ello, o proponérselo abiertamente como cosa útil o conveniente, dándole incluso razones al efecto, lo cual sin embargo no tiene otro fin que hacer lo que a uno le agrada, o evitar lo que le repugna; o acudir a pretextos para sonsacarle permisos que podrían perjudicar al propio adelantamiento espiritual, o al buen orden de la Comunidad, de lo cual se hace menos caso que de lograr lo que se desea.