La obediencia ha de ser exacta y entera

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Condiciones de la obediencia consagrada y religiosa

La cuarta condición de la obediencia es que sea exacta y entera, sin omitir nada de lo que se crea ser voluntad del Director; no haciendo nada más, y cumpliendo todo cuanto hubiere mandado.
Los defectos contrarios son: Primero, ejecutar, ya por flojedad, ya por propia elección, sólo parte de la que se cree ser voluntad del Director o de lo que hubiere mandado, siendo de notar que lo que de ordinario se elige en tales casos es lo que más agrada, y lo más conforme con la propia inclinación, o lo que cuesta menos trabajo. Segundo, hacer más de lo que manda el Director, aun bajo pretexto de bien: el Hermano Director habrá mandado, por ejemplo, barrer un cuarto, y se barren dos; habrá ordenado o permitido que se haga media hora de oración, y se hace una hora; y así en lo demás. Tercero, no ejecutar las cosas como se han mandado, sino como a uno se le antoja: el Hermano Director habrá mandado, por ejemplo, cortar algo con tijeras, y se corta con cuchillo; o servirse de un instrumento malo para hacer algo, y se emplea uno bueno, que se ha buscado o encontrado, con el pretexto de que así se hará mejor o se hará más pronto lo mandado, que nunca faltan razones a la naturaleza en tales casos. Cuarto, hacer algo fuera del tiempo señalado por el Director: habrá destinado, por ejemplo, tal día o tal hora para hacer alguna cosa, y se hace en otro tiempo, so pretexto de que éste parece más cómodo y oportuno que el determinado por el Director.