La obediencia ha de ser cordial y afectuosa

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Condiciones de la obediencia religiosa y consagrada

La novena condición de la obediencia es que sea cordial y afectuosa, es decir, que se ha de aceptar con gusto todo mandato, y ejecutarlo con alegría y libertad de espíritu, sin disgustarse por nada, por difícil y desagradable que parezca.
Los defectos contrarios son: 1o recibir las órdenes del Hermano Director con frialdad, indiferencia, o rostro melancólico; 2o disgustarse por lo mandado; ejecutarlo sin interés, con flojedad, murmurando o manifestando repugnancia; 3o indisponerse contra el que manda, o contra los que comunican de su parte lo mandado, o lo hacen ejecutar; 4o manifestar disgusto o resentimiento hacia el Hermano Director, o hacia algún otro, por causa de una orden recibida. En una palabra, todo lo que dé a conocer que no está uno contento de lo mandado, o que no le gusta ejecutarlo.