La esclavitud en las cosas creadas

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¿Cuál es el origen de mis inquietudes, de mis perturbaciones, de mis agitaciones, de mis desalientos, de mis tristezas, cosas todas que son las señales de mi esclavitud? La fuente única de todo esto es que busco mi placer, estoy inquieto cuando temo verme privado de él, perturbado cuando lo he perdido, agitado cuando me cuesta trabajo obtenerlo, desalentado cuando no veo medio de volverlo a encontrar, triste cuando me falta del todo. Soy tanto más esclavo y tanto más desgraciado cuanto con más afán busco mi placer y con más ansia cifro en él mi felicidad humana. ¡Justo castigo del orden violado! “Porque”, dice San Agustín, “el que no da a Dios lo que le debe, haciendo lo que debe, se lo da sufriendo lo que debe. Y no hay medio entre estas dos cosas: en el instante mismo en que no hace lo que debe, sufre lo que debe, porque la belleza del orden universal no puede sufrir ni un solo instante ser manchada con la fealdad del pecado sin ser reparada por la belleza del castigo”. (José Tissot, La vida interior)