El examen de conciencia de san Ignacio (definición)

El examen de conciencia de san Ignacio no se trata del ejercicio que exponemos a veces con este nombre y que consistiría en hacer, al final del día, o de cara a la confesión, una cuenta exacta de las faltas, sino que es poner por obra lo que hemos dicho más arriba. En este sentido, hay que enlazarlo más al discernimiento espiritual que a la vida moral. Se trata de ir a Dios, con las manos vacías, en acción de gracias, para reconocer lo que está realizando en nosotros. Se puede definir como una puesta de todo el ser en la corriente del Espíritu Santo, para dar más ascendiente a su acción, después de los desfallecimientos inevitables. Es un abandono activo a la acción del Espíritu Santo en nosotros. Y este movimiento se sitúa sobre el plano de una perfecta disponibilidad de un ser a la acción de Dios. Se trata de volver a Dios, aunque sólo sea unos instantes, para desplegar ante él nuestras preocupaciones y nuestros proyectos para que él sea el dueño de ellos. ¿Cuándo se hace? Desde este punto de vista, todo el tiempo. Es como un ejercicio de presencia de Dios, pero no exterior a la acción que estamos realizando o a nuestras condiciones de vida. Se realiza en la acción del momento para purificar en ella los motivos y dirigir nuestra intención hacia Dios. Más que presencia de Dios, es cooperación a la acción de Dios en nosotros. (Lafrance J, Mi vocación es el amor).