El Espíritu Santo, nuestra posesión

El Espíritu Santo no vive en nosotros únicamente para poseernos por su dulce presencia y por su divina acción; vive también para ser poseído por nosotros, para ser nuestro; que tan propio del amor es poseer como ser poseído. Es el Don de Dios por excelencia, y el don, que es de quien lo da, se convierte en posesión de quien lo recibe, El Don de Dios es nuestro don por el prodigio estupendo del amor. Casi siempre que se habla en la Santa Escritura de la misión del Espíritu Santo en nuestras almas, el verbo que se emplea es; dar. “Yo rogaré al Padre y os dará otro Paráclito”. “En esto conocemos que permanecemos en Él y Él en nosotros, porque nos dio de su Espíritu”. ”La Caridad de Dios se ha derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos dio”. “Aún no había sido dado el Espíritu, porque Jesús, no había sido glorificado.” “Dándoles (a los gentiles) el Espíritu Santo como a nosotros”.30 (El Espíritu Santo)