Espera

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Dios, al colocar al hombre en situaciones difíciles, lo mueve a que haga actos de fe. Esas situaciones en las que tomamos conciencia de nuestra impotencia pueden aumentar nuestro deseo de Dios. Dios no quiere llegar a nosotros como un intruso. El amor quiere ser esperado, y cuando no es esperado, es un amor despreciado. En ese sentido la fe es una espera. El grado en que se espera al Señor es un testimonio de la fe que se tiene en su poder y en su amor. Nuestra espera de Dios jamás será suficiente. Debes crecer, siempre, en la espera de aquel que desea llegar a ti y que quiere que lo recibas. Eso se realiza gracias a las pruebas a las que se somete tu espera, pero, sobre todo, a las gracias de Dios, que hacen que tu nostalgia por él crezca y profundice. (Tadeuz Dajczer, Meditaciones sobre la fe).