El esfuerzo personal por sí solo no basta

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Teresa escribe a su hermana Celina. «Es preciso, me dice, hacer todo lo que está en sí, dar sin tenerlo en cuenta, renunciarse constantemente, en una palabra, probar su amor por todas las buenas obras en su poder. Pero en verdad, como todo esto es tan poca cosa…, es necesario, cuando creamos haber hecho todo lo que creemos que debemos hacer, confesarnos «siervos inútiles» (Lc 17,10), esperando sin embargo que Dios nos dará, por gracia, todo lo que deseamos… Esto es lo que esperan las almas pequeñas que «corren» en el camino de la infancia: Digo «corren» y no «descansan» (C y R II, 46). Por eso, el valor, la generosidad y las fuerzas personales del hombre se ponen en su justo sitio. Como dice Teresa, «todo esto es poco», lo que equivale a decir son una débil ayuda. Todo esfuerzo ascético conducirá al] hombre, en plazo muy breve, a un punto muerto en el que el hombre viejo rehusa su concurso y se derrumba ante lo que dolorosamente siente como imposible y absolutamente por encima de sus fuerzas.