Efectos de la confesión sacramental

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La Penitencia repara los estragos, sana las enfermedades y sana hasta la misma muerte, pues borra el pecado mortal, que es la muerte del alma. Maravilloso remedio que cura siempre, que nunca se agota ni engaña jamás; siempre fácil, siempre preparado, suficiente para todas las enfermedades y para todas las muertes; que no exige del enfermo o del muerto más que el deseo sincero de sanar o de volver a la vida. (José Tissot, La vida interior)