Dificultades en la oración de Sta. Teresa del Niño Jesús

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No hay que olvidar nunca que Teresa ha conocido la sequedad como el pan de cada día: «Debería haberme entristecido por dormirme (desde hace siete años) durante mis oraciones y mi acción de gracias». Fue una gran prueba para la joven carmelita llamada a consagrar cada día varias horas a la oración. Va aún más lejos, y confiesa que Jesús se ausenta en la oración, empleando para ello la misma imagen humorística del sueño: «Jesús dormía como siempre en la barquilla». A propósito de esto, Mons. Combes definirá, con humor, la oración de santa Teresa de Lisieux como «el encuentro de dos sueños; el de Jesús y el de Teresa». Así, Teresa experimenta la ausencia aparente de Dios en la oración y esta experiencia es tan importante como la otra, porque en los dos casos, toca la realidad de Dios para responder o para callarse. Lo que cuenta para Teresa es hacer, ante todo, la voluntad de Dios: «Hoy, más que ayer, dice, si esto es posible, he sido privada de todo consuelo. Doy gracias a Jesús que encuentra esto bueno para mi alma, y tal vez si me consolase, me detendría en estas dulzuras, pero El quiere que sea toda para él… Pues bien, todo será para él, todo, aun cuando no sienta nada que poder ofrecerle; entonces, como esta tarde, le daré esta nada… Si supierais qué grande es mi alegría de no tener ninguna para dar gusto a Jesús… Es la alegría refinada (pero no sentida). (Carta a la M. Inés de Jesús, 2-1-89.) (Lafrance J, Mi vocación es el amor).