¿Descubrimos el amor de Dios en el sufrimiento?

No es muy difícil a la naturaleza reconocer en el gozo una sonrisa de Dios. Al alma a quien Dios consuela le parece que está contento de ella y ella este contenta de Él. Es indudable que el consuelo es, de parte de Dios, una prueba de su amor. ¡Pero el sufrimiento! ¡Ah, el sufrimiento!… ¡Supremo misterio de amor! ¡El sufrimiento bajo todas sus formas, sufrimiento interior y exterior, sufrimiento del espíritu, del corazón y de los sentidos, es también un testimonio, todo divino, del amor de Aquel que tanto me ama! Dios no me ama nunca tanto como cuando me envía un sufrimiento. Y es fácil convencerme de esto. Entre amigos, la prueba de afecto más consumado, el más alto grado de amistad es prestar a un amigo, por amor, un servicio que le será doloroso, pero necesario. Dar gusto, decir cosas lisonjeras y halagüeñas, todo esto no excede la altura ni la capacidad de los afectos más vulgares y necios; pero decir una verdad amarga, comunicar una desgracia abrumadora, pedir un sacrificio desgarrador, dar un consejo o hacer una advertencia desagradable, hacer todo esto como amigo y porque la amistad nos da, no solamente derecho, sino valor y fuerzas para ello, esto es la última palabra de la amistad. Pues así es como obra Dios conmigo. (José Tissot, La vida interior)