amistad con Cristo

El espejismo fugaz de los falsos cristos

¿Qué impresión produciría en un católico instruido en la religión, el espectáculo de un apóstol que hiciera ostentación, al menos implícita, de prescindir de Dios en su tarea de comunicar a las almas la vida divina aun en sus menores […]

¡Jesús tú eres el sólo y verdadero Amigo!

¡Jesús tú eres el sólo y verdadero Amigo!

Así inicia una bella oración de San Claudio de la Colombière, el confesor de santa Margarita María d’Alacoque, santa a quien el Señor confío los secretos de la devoción a su Corazón. La oración había sido definida por Santa Teresa como “tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama” (Libro de la Vida, 8, 5). Sí, Jesús es nuestro verdadero Amigo. Él mismo nos lo dijo en la Última Cena: “Os he llamado amigos” (15, 15). 

La oración, fuente de alegría

La oración, fuente de alegría

“La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría”. Estas palabras con las que comienza la Exhortación Apostólica Evangeli Gaudium del Papa Francisco han atravesado los espacios del mundo y de la Iglesia dejando en ellos una inundación de esperanza.

Orar es creer en Jesús

Orar es creer en Jesús

Catecismo de la Iglesia Católica, n. 151: “Para el cristiano, creer en Dios es inseparablemente creer en Aquel que El ha enviado, “su Hijo amado”, en quien ha puesto toda su complacencia (Mc 1,11). Dios nos ha dicho que le escuchemos. El Señor mismo dice a sus discípulos: “Creed en Dios, creed también en mí” (Jn 14,1). Podemos creer en Jesucristo porque es Dios, el Verbo hecho carne: “A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, El lo ha contado” (Jn 1,18). Porque “ha visto al Padre” (Jn 6,46), El es único en conocerlo y en poderlo revelar”.