¡Líbrame de esta carne de pecado!

¡Líbrame de esta carne de pecado

de la que siento en alas desasirme,

Señor, que, en una cruz, por redimirme,

diste todo en la llaga del costado!

¿Y volaré, para volver atado

a mi antigua enemiga?; ¿andaré firme

el día que otra vez vuelva a vestirme

de la túnica inútil del pasado?

Vivo en la fe, y el alma no se atreve

a pedir verte sólo en lo inefable,

sólo en aliento y en blancor de nieve.

¡Otra vez lo corpóreo, lo palpable!

¡Que mi segunda carne sea leve!

¡Dame, Señor, la vida perdurable!

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu,

por los siglos de los siglos. Amén.