La Niña María

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La niña María

-¡qué gracia es su vuelo!-,

paloma del cielo,

al templo subía

y a Dios ofrecía

el más puro don:

sagrario y mansión

por él consagrada

y a él reservada

en su corazón…

¡Oh blanca azucena!,

La Sabiduría

su trono te hacía,

dorada patena,

de la gracia llena,

llena de hermosura.

Tu luz, Virgen pura,

niña inmaculada,

rasgue en alborada

nuestra noche oscura.

Tu presentación,

princesa María,

de paz y alegría

llena el corazón.

De Dios posesión

y casa habitada,

eres la morada

de la Trinidad.

A su Majestad

la gloria sea dada. Amén.