«Yo soy la Resurrección y la Vida»

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“Llega uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verle, cae a sus pies, y le suplica con insistencia diciendo: «Mi hija está a punto de morir; ven, impón tus manos sobre ella, para que se salve y viva.» Y se fue con él.

Entonces, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años, y que había sufrido mucho. Decía: «Si logro tocar, aunque sólo sea sus vestidos, me salvaré.»

Jesús, dándose cuenta de la fuerza que había salido de él, se volvió entre la gente y decía: «¿Quién me ha tocado los vestidos?»

Entonces, la mujer, viendo lo que le había sucedido, se acercó atemorizada y temblorosa, se postró ante él y le contó toda la verdad. Él le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu enfermedad.»

Llegan a la casa del jefe de la sinagoga Y tomando la mano de la niña, le dice: «Talitá kum, que quiere decir: «Muchacha, a ti te digo, levántate.» La muchacha se levantó al instante y se puso a andar, pues tenía doce años. Quedaron fuera de sí, llenos de estupor.

CONSIDERACIÓN

Hoy son protagonistas dos mujeres, una adulta, que llevaba doce años enferma, y otra que estaba a punto de ser capaz de concebir, de doce años, que muere. Sin duda que el pasaje se puede interpretar como signo del poder del Señor.

Pero me dio luz la explicación que he escuchado tantas veces en Cafarnaúm, en la que nuestro guía, el sacerdote Rafael Pascual, interpreta en clave simbólica la presencia de la mujer enferma, que no puede concebir, y la hija del jefe de la sinagoga, que muere antes de hacerse fecunda.

Si comprendemos el relato desde su dimensión simbólica, encontramos una mayor personalización, al comprendernos en él, y no solo referirlo a unos hechos antiguos. La ley no salva, la sinagoga se hace estéril, a su jefe se le muere su hija. Jesús da la salud y devuelve la vida. Jesús dice de Sí mismo: “Yo soy la resurrección y la vida”.

La fe en Jesús es la que nos revitaliza y nos capacita para ser fecundos en nuestra misión y propia identidad. En un tiempo en el que a veces pretendemos adquirir con nuestras fuerzas los bienes o, por el contrario, quedamos derrumbados por no alcanzarlos, la Palabra del Señor viene en nuestro auxilio y nos propone, además del esfuerzo de nuestras manos, acudir con fe a Jesús.

PROPUESTA

¿Confías en Jesús? ¿Te acercas a Él con fe? ¿Acudes a Él en los momentos recios?


Agradecemos esta aportación a Don Ángel Moreno de Buenafuente (consulta aquí su página web) El contenido de este artículo puede ser reproducido total o parcialmente en internet y redes sociales, siempre y cuando se cite su autor y fuente original: www.la-oracion.com y no se haga con fines de lucro.