Meditacion: Salir al encuentro de los marginados

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Meditacion: Salir al encuentro de los marginados

XXVIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO  (2 Re 5, 14-17; Sal 97; 2 Tim 2, 8-13; Lc 17, 11-19)

Lecturas

En aquellos días, Naamán de Siria bajó al Jordán y se bañó siete veces, como había ordenado el profeta Eliseo, y su carne quedó limpia de la lepra, como la de un niño (2 Re 5, 14-15).

«El Señor da a conocer su victoria, revela a las naciones su justicia» (Sal 97).

«La palabra de Dios no está encadenada« (2 Tim 2,9).

«… vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: -«Jesús, maestro, ten compasión de nosotros.»
Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias. Éste era un samaritano» (Lc 17,12.15-16).

Contemplación

Dos notas sobresalen en las lecturas de hoy: la permanente compasión divina, manifestada en la curación de los enfermos, y la universalidad del mensaje, que alcanza a todos los pueblos y del que son destinatarios todos los hombres, no importa su origen, su raza, su credo, como lo demuestra la curación del sirio y del samaritano.

Jesús se relaciona con aquellos que en su época eran estigmatizados y marginados. La enfermedad de la lepra era mítica, y acercarse a los que la padecían contaminaba y excluía socialmente.

Para un judío los samaritanos eran los enemigos, además de rivales, por sus creencias idolátricas y paganas. Jesús cura a un leproso samaritano.

El evangelio es buena noticia para todos. «La Palabra de Dios no está encadenada». Jesús se presenta a sí mismo como quien ha venido a sanar y a curar a los enfermos y a llamar a los pecadores.

El Papa Francisco, nos está indicando constantemente a los cristianos que debemos salir a las periferias, a los marginados, y entre ellos no están solo los enfermos o los pobres, sino también los excluidos socialmente por su forma de vida.

Cuesta salir de la instalación, de la seguridad, de la costumbre, de la propia justificación. Sin embargo, la vitalidad de la fe se demuestra en la medida que se hace misionera y traspasa los límites de lo convencional. Por la fe se ilumina la mirada, los creyentes son capaces de ver a Cristo en los desahuciados y rechazados.


Agradecemos esta aportación a Don Ángel Moreno de Buenafuente (consulta aquí su página web)

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