La poca confianza limita la bondad de Dios

823

1063. Hombres de poca fe -les decía- con vuestra escasa confianza trazáis límites a una bondad que no tiene límite alguno. Si ciertamente es infinita y continua, como creéis sin duda, ella cuidará siempre de vosotros y no os faltará jamás. Buscáis una seguridad; ¿no os basta la del Evangelio? La palabra de Jesucristo es vuestro contrato de fianza: no lo hay más seguro, pues lo ha firmado con su sangre y le ha sellado con su infalible bondad. ¿Por qué desconfiar entonces? Si las promesas irrevocables de un Dios no pueden calmar vuestras inquietudes y vuestras aprehensiones frente al porvenir, buscad los fondos de rentas que puedan comparársele. Considerad los lirios del campo – es el mismo Jesucristo quien os invita a ello- y las hierbas del prado; y admirad con qué opulencia Dios los colma de belleza y ornato, nada les falta, y el mismo Salomón con todo el esplendor de su gloria no estaba tan bien vestido. Abrid los ojos sobre los pajaritos que vuelan en los aíres o sobre los animalitos que se arrastran por los campos: a ninguno le falta lo necesario; Dios provee a sus necesidades. Sin granero ni despensa, encuentran por doquier el alimento que la Providencia les tiene preparado y les suministra. Sin sembrar ni cosechar, encuentran su subsistencia. El Padre celeste se encarga de ello. Si su mano bienhechora y liberal extiende su solicitud hasta sobre los más viles insectos, que el hombre pisotea, hasta el heno que se seca y sirve de alimento al fuego, ¿podéis vosotros creer, gente de poca fe, que Aquél a quien consagráis vuestra juventud y a quien dedicáis vuestros trabajos, os ha de abandonar en vuestra vejez y permitir que arrastréis en la miseria una vida empleada en su servicio? Reavivad pues vuestra confianza en una bondad infinita y rendidle honor abandonándole el cuidado de vuestras personas. Sin temor por el presente, sin inquietud por el porvenir, no os preocupéis más que del momento en que vivís y no carguéis el día que pasa con las preocupaciones del día que sigue. Lo que os falte por la noche os lo procurará el día siguiente, si sabéis esperar en Dios. Dios obrará milagros antes que dejaros en la necesidad. Después de la palabra de Jesucristo os doy como prueba la experiencia de todos los santos. Los milagros de la Providencia son cotidianos y no cesan más que para quienes carecen de confianza
Constante unión con Dios y pureza de intención a lo largo del día.