Quietud

    405

    Consiste en un sentimiento íntimo de la presencia de Dios, que cautiva la voluntad y llena el alma y al cuerpo de una suavidad y deleite verdaderamente inefables. El alma arde suavemente en el amor de Dios y «no le parece hay más que desear» (Santa Teresa) (Teología moral para seglares, §349)

    « Índice