Unir nuestra plegaria a la de Jesús

Por Cristo somos hechos hijos de Dios (Gál 4, 4-5); merced también a El, unidos a El, podemos obrar como cumple a hijos de Dios, y llenar los deberes que dimanan de nuestra adopción divina. Por lo tanto, debiéndonos presentar a Dios en la oración como hijos adoptivos suyos, preciso será presentarnos con Cristo y por Cristo. Antes de ponernos a orar, hemos de unirnos siempre, con la intención y el afecto, a nuestro Señor, pidiéndole que El mismo se digne presentarnos al Padre. Hay que unir, pues, nuestras plegarias a las que Jesús elevaba desde este suelo, a esa oración sublime que en calidad de mediador y pontífice prosigue allá en el cielo. «Siempre vive para interceder por nosotros» (Hb 7,25).(La oración por Columba Marmión)