Un momento para uno mismo y para Dios

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Y, con el corazón así devoto y recogido, podéis empezar a entender en el ejercicio de vuestro proprio conocimiento, de esta manera. Vuestras rodillas hincadas, pensaréis a cuán excelente y soberana Majestad vais a hablar; la cual no la penséis lejos, mas que hinche cielos y tierra, y que ninguna parte hay en que no esté, y más dentro de vos que vos misma. Y considerando vuestra pequeñez, haced una entrañable reverencia, humillando vuestro corazón como una pequeña hormiga delante de un ser infinito, y pedir licencia para hablarle.

Audi filia