Principio de la oración: lección y devoción

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Tomad primero algún libro de buena doctrina, en que, como en espejo, veáis vuestras faltas, y con él toméis manjar con que vuestra ánima sea esforzada en el camino de Dios. Y este leer no ha de ser con pesadumbre, ni pasando muchas hojas, mas alzando el corazón a nuestro Señor y suplicarle que os hable en vuestro corazón con su viva voz, mediante aquellas palabras que de fuera leéis, y os dé el verdadero sentido de ellas. Con aquella atención y reverencia estad atenta, escuchando a Dios en aquellas palabras que de fuera leéis, como si a Él mismo oyérades predicar cuando en este mundo hablaba. De manera que, aunque tengáis los ojos en el libro, no peguéis en él con mucha ansia el corazón para que os haga olvidar de Dios; mas tened a lo que leéis una mediana descansada atención, que no os captive ni impida la atención libre y levantada que al Señor habéis de tener. Y leyendo de esta manera no os cansaréis, y daros ha nuestro Señor el vivo sentido de las palabras que obre en vuestra ánima, unas veces arrepintiéndose de vuestros pecados, otras confianza de ellos y de su perdón, y os abrirá el entendimiento a conocer otras muchas cosas, aunque leáis pocos renglones. Y algunas veces conviene interrumpir el leer, por pensar alguna cosa que del leer resultó, y después tornar a leer. Y así se van ayudando la lección y la oración.

Audi filia