18 octubre,2018

Santo Rosario: Configurarse a Cristo con María

El Rosario, precisamente a partir de la experiencia de María, es una oración marcadamente contemplativa. Sin esta dimensión, se desnaturalizaría, como subrayó Pablo VI: “Sin contemplación, el Rosario es un cuerpo sin alma y su rezo corre el peligro de convertirse en mecánica repetición de fórmulas y de contradecir la advertencia de Jesús….” Por su naturaleza, el rezo del Rosario exige un ritmo tranquilo y un reflexivo remanso, que favorezca en quien ora la meditación de los misterios de la vida del Señor, vistos a través del corazón de Aquella que estuvo más cerca del Señor, y que desvelen su insondable riqueza”

“En el recorrido espiritual del Rosario, basado en la contemplación incesante del rostro de Cristo – en compañía de María- este ideal de configuración con Él se consigue a través de una asiduidad que pudiéramos decir ´amistosa´. Ésta nos introduce de modo natural en la vida de Cristo y nos hace como ´respirar´sus sentimientos. Acerca de esto dice el Beato Bartolomé Longo: “Como dos amigos, frecuentándose, suelen parecerse también en las costumbres, así nosotros, conversando familiarmente con Jesús y la Virgen, al meditar los Misterios del Rosario, y formando juntos una misma vida de comunión, podemos llegar a ser, en la medida de nuestra pequeñez, parecidos a ellos, y aprender de estos eminentes ejemplos el vivir humilde, pobre, escondido, paciente y perfecto”

 

Leer la Carta Apostólica Rosarium Virginis Mariae (Juan Pablo II)