El Sagrado Corazón de Jesús, sediento de almas

Tu Corazón, ¡oh Jesús mío!, ha extendido a todos los hombres su misión redentora. A la palabra “Sitio”, que dirigiste al mundo al morir, y que repites en el Altar, en el Tabernáculo y hasta en el seno de tu gloria, debe responder en toda alma, aun en la del simple cristiano, un deseo vivo de consagrarse a sus hermanos; una sed ardiente de la salvación de todos los hombres y un gran celo en favorecer las vocaciones sacerdotales y religiosas, acompañados de unas plegarias encendidas para pedir que los fieles comprendan la extensión de sus deberes, y las almas consagradas la necesidad que tienen de la Vida interior. (Dom. J.B. Chautard, El alma de todo apostolado)