Orar desde nuestra debilidad

Cuando sintamos nuestra debilidad e impotencia para vencer las pasiones u otras dificultades que se oponen a la voluntad de Dios sobre nosotros digamos animosos con el Apóstol: Todo lo puedo en Aquel que es mi fortaleza. Jamás se nos ocurra pensar, no puedo… no me siento con fuerzas… Es cierto que con nuestras fuerzas nada podemos, mas lo podemos todo con la ayuda divina. Si Dios dijera a uno de sus siervos: Toma este monte, échatelo a la espalda y llévalo de aquí que yo te ayudaré, y él dijere: No quiero, porque no tengo fuerzas para tanto… ¿no le tendríamos por necio y poco confiado? Pues, cuando nosotros por ventura nos veamos llenos de miserias y enfermedades y reciamente combatidos de tentaciones, no perdamos los ánimos, antes alcemos los ojos al cielo y digamos a Dios con David: Ayúdame, Señor, y despreciaré a todos mis enemigos. Con tu ayuda, oh Dios mío, me burlaré de los asaltos de todos los enemigos de mi alma y venceré.(El gran medio de la oración – San Alfonso Maria de Ligorio)