Mi oración unida a la tuya…

Una gota de agua, es nada. Unida al océano, participa de su poder y de su inmensidad. Esto ocurre con mis oraciones, unidas a las tuyas. A los ojos de Dios, para quien todo está presente, y cuya mirada abarca a un mismo tiempo el pasado, el presente y el futuro, mi oración forma un todo con ese concierto universal de alabanzas que Tú, desde tu constitución, elevas y continuarás elevando hasta el fin de los tiempos, hasta el trono del Eterno. Tú quieres, ¡oh Jesús mío!, que mi piedad sea, en cierto sentido, útil, laboriosa e interesada. (Dom. J.B. Chautard, El alma de todo apostolado)