Nuestra miseria a la luz de Dios

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La luz del Don de Entendimiento nos sirve para conocernos hondamente a nosotros mismos, y vislumbrar la profundidad de nuestra miseria. A las veces nos llama la atención que los santos tengan rasgos de humildad que parecen excesivos, como cuando San Francisco de Asís quería que lo pisotearan y que dijeran que era el deshecho del pueblo.¿Cómo es posible, pensamos, que santos que han sido canonizados por la Iglesia y cuya vida es admirable, hayan tenido ese concepto tan bajo de sí mismos? Porque estaban iluminados por la luz de Dios. Cuando una pieza está a media luz, nos podemos hacer la ilusión de que está limpia; pero cuando hay una luz intensísima, entonces tenemos que percibir hasta lo más pequeño que pueda quitarle la limpieza. Eso pasa cuando somos iluminados por la luz de Dios, entonces sentimos, nuestra pequeñez y nuestra miseria; delante de Dios todos somos átomos pequeñísimos e insignificantes. En los altos grados de este Don se tiene un conocimiento más hondo de todos los misterios divinos, y en cierta manera, la visión de Dios. (El Espíritu Santo)