Es necesario que Él crezca y yo disminuya

“Sin Mí nada podéis hacer”, (Juan XV, 5). Elevado por el Creador a la dignidad de cooperador suyo, el apóstol va a convertirse en un agente de las operaciones sobrenaturales, pero a condición de que sólo aparezca Jesús. Cuanto más se esfume y cuide de no figurar, tanto más se manifestará Jesús. Sin esa impersonalidad que es fruto de la vida interior, el apóstol plantará y regará en vano, porque nada germinará. La verdadera humildad tiene encantos especiales, cuyo manantial es Jesús. La humildad respira lo Divino. Al empeño que el hombre de obras pone en eclipsarse, para que solamente sea Jesús el que obre. “Es necesario que crezca Él y disminuya yo”, (Juan III, 30), corresponde el don que Nuestro Señor concede a su ministro, de ganar cada vez más los corazones. (Dom. J.B. Chautard, El alma de todo apostolado)